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“El desafío de proporcionar trabajo decente a los jóvenes es motivo de preocupación tanto para los países industrializados como para los países en desarrollo. De los 197 millones de personas que, según los cálculos, estaban desempleados en 2012, casi el 40% tenían entre 15 y 24 años” (con datos de la OIT), dice el informe de la Conferencia Internacional sobre la Población y el Desarrollo (CIPD) en sus veinte años de seguimiento al tema poblacional.

El Informe Global de la CIPD es la culminación de una revisión histórica desde Naciones Unidas de los avances, brechas, desafíos y temas emergentes en relación con su programa de acción, y recoge datos de 176 estados miembros, junto con aportes de la sociedad civil y la investigación académica integral.

Para el caso del empleo juvenil, la información muestra que “la economía mundial tendrá que crear 600 millones de empleos productivos en el próximo decenio para absorber los niveles de desempleo actuales y brindar oportunidades de empleo a las 40 millones de personas que se incorporarán al mercado de trabajo cada año” en esa década.

Entre 1991 y 2001 la tasa de empleo para los jóvenes ha disminuido en todo el mundo, y esto quiere decir que las oportunidades de trabajar no han crecido a la par del incremento de la población de jóvenes. Aunque la situación de desempleo es igual para hombres y mujeres, los hombres jóvenes desempleados son más (49%) que las mujeres (35%). El estudio advierte que este último dato muestra “la tendencia de muchas mujeres jóvenes al matrimonio precoz y la procreación en esa edad y, por lo tanto, al trabajo no remunerado en el hogar”.

El empleo en el mundoLa situación no es similar ni entre regiones ni en los países de una región, por ejemplo hace dos años las tasas más altas de desempleo estaban en Oriente Medio y África Septentrional, 28% y 24%, respectivamente. En cambio en América Latina y el Caribe se puede ver grandes diferencias entre hombres y mujeres, y estas últimas están en desventaja. La riqueza de los hogares, la inversión en educación y el origen urbano son aspectos que ofrecen ventajas a los jóvenes que transitan de la escuela formal hacia el mercado de trabajo y en los países con estas posibilidades los varones tienen más oportunidades de lograr un empleo estable o satisfactorio.

Pero la mayoría de jóvenes tiene empleos mal remunerados y de mala calidad, con contratos de trabajo temporales y precarios. “Al menos el 60% de los jóvenes de las regiones en desarrollo no están ni trabajando ni estudiando, o bien tienen empleos inestables y, por ende, no alcanzan su pleno potencial económico”, dice el reporte.

La paradoja es que los gobiernos han fijado sus prioridades para con este sector demográfico: un 70% en políticas para el empoderamiento económico y el empleo para los jóvenes; un 46% en maximizar la inclusión social y la igualdad de acceso y derechos; un 46% en educación; un 38% en información y servicios en temas de salud sexual y reproductiva (incluido VIH); y un 36% en capacitación para trabajar.

El documento de la CIPD, preparatorio para una reunión mundial en septiembre, muestra un panorama general sobre temas como tasas de escolarización en primaria y secundaria (incluido el caso de adolescentes embarazadas), empleo para los jóvenes, el envejecimiento de la población, situación de las personas con discapacidad, los pueblos indígenas, la violencia de género, la discriminación y su costo social, salud y salud sexual y reproductiva, migración interna y urbanización, la migración internacional, el acceso de las mujeres a la tierra y los costos de la desigualdad, entre otros.// PIEB (BO)

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