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La gran mayoría de los niños de las provincias paceñas tienen que ocupar el lugar que uno de los progenitores deja con su ausencia, ya sea cumpliendo roles de autoridad o trabajando en la agricultura o minería para mantener el hogar.

Según datos del área de Trabajo Infantil del Ministerio de Trabajo, en Bolivia, existen 848.000 niños, niñas y adolescentes, de entre cinco a 17 años de edad que están involucrados en actividades económicas, de los cuales 493.000 son trabajadores ilegales al ser menores de 14 años de los que el 79.6 por ciento se dedica a actividades peligrosas. De todo este total, el 89.08 por ciento corresponde a niños del área rural que trabajan en agropecuaria o minería.

En el área rural, la ausencia del padre o madre hace que los hijos mayores deban ser quienes cumplan el rol que el progenitor, dejando la infancia para convertirse en papá o mamá de sus hermanos o guía de una comunidad.

“Mi padre falleció en un accidente hace un año, tenemos que acabar la gestión de autoridad, mi madre me acompaña en este cargo, llamo a las reuniones y la gente me trata bien respeta mi edad y mi cargo”, manifestó Ever Layme.

Trabajo infantil en BoliviaSin embargo, esta responsabilidad es más grande de la que podemos imaginar, ya que al igual que su padre, él debe citar a los pobladores a las reuniones, debe escuchar las mismas aunque duren horas y debe pensar en el bien estar de su población y de su propio hogar.

Ever debe trabajar la tierra para mantener a su familia, siembra y cosecha papa, cebolla, habas y lechuga, que lleva a las ferias para venderlas y generar ingresos, a la par de cumplir su rol de autoridad y asistir a la escuela.

COCALES

Manuel Arancibia, del municipio de Coripata, es un niño de 12 años de edad que trabaja en los cocales junto con su hermana de 14, cosechando esta hoja desde que su padre los abandonó y ante la necesidad de ayudar en el hogar tuvieron que salir a trabajar.

“Me dedico a la agricultura desde que tenía mis siete años, no tenemos papá así que tenemos que trabajar. La Defensoría de la Niñez y la Infancia me ha ayudado mucho, me ha enseñado valores y a tener respeto por los demás. Debería haber más normas de protección para que otros niños no tengan que trabajar desde tan pequeños”, manifestó Arancibia.

Por lo general, los niños que viven en las zonas cocaleras son pobres, el acceso a servicios básicos como agua, desagüe, salud y educación es muy limitado.

De la misma forma, estas condiciones inciden en el estado de salud de los niños, por la mala nutrición o la falta de tratamiento oportuno para algunas enfermedades. En cuanto a la educación, estos muchas veces no terminan la secundaria, y tampoco aprovechan las clases ya que llegan tarde o cansados de los cocales y no les queda fuerzas para estudiar.

MINERÍA

En el caso de las niñas, estas no sólo trabajan, sino que además se convierten en mamás de sus hermanos menores, por lo que, deben cocinar, cuidar del hogar, trabajar y estudiar, aunque en la mayoría de los casos acaban abandonando sus estudios.

“Trabajo cargando mineral, mi mamá trabajaba ahí antes y cuando murió tuve que ocupar su lugar. En las mañanas debo cocinar para dejar comida para mis hermanos, debo ver que tengan todo limpio y vayan a la escuela, luego voy a la mina, mi padre está enfermo así que ya no puede trabajar como antes. Para el minero la vida acaba rápido por eso no quisiera que mis hermanos sean mineros”, manifestó Marina Quispe, de 14 años de edad.

En el rubro de la minería, los niños, niñas y adolescentes, generalmente trabajan en tareas de superficie, en las que se dedican a cargar, trasladar y seleccionar mineral. En el caso de los adolescentes estos ya pueden trabajar en interior mina como ayudantes de los adultos aunque de igual manera están expuestos a la inhalación de gases tóxicos y otros peligros.// El Diario (NET)


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