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El arqueólogo Luis Miguel Callisaya estudió una fortaleza militar construida en el siglo XV por los incas junto a un grupo guaraní aliado, por las características arquitectónicas impresas en la estructura por ambos grupos sociales. El sitio había sido estudiado previamente por el arqueólogo Danilo Drakic, quien identificó edificaciones de piedra de dos metros de altura alrededor de una colina que a la vez contiene restos arqueológicos relacionados a la cultura incaica.

El año pasado, Callisaya llegó al lugar, a 11 kilómetros al oeste de Vallegrande, para verificar los restos arqueológicos, limpiar parte de los arbustos que protegían y rodeaban los muros y desarrollar una investigación preliminar para determinar la antigüedad, la filiación cultural y el volumen de los restos arqueológicos en el sitio. Aunque la identificación del sitio es importante, no se trata de un hallazgo único puesto que los propios cronistas españoles relataron la existencia de 45 a 50 fortines militares en la frontera guaraní e inca, que abarca extensas zonas del valle y del chaco chuquisaqueño.

Los guaraníes eran guerreros y resistían la amenaza incaica que llegaba desde la actual Cochabamba, más precisamente desde Incallajta, y por todo el actual Vallegrande, donde se sabe que existen cinco fortines militares que aún no han sido investigados.

Callisaya hizo una prospección en el sitio, una limpieza y un relevamiento planimétrico de las murallas y los restos arquitectónicos, a la vez pudo identificar restos de cerámica y líticos (armas, boleadoras), aunque estos están casi ausentes. “Los resultados de este estudio preliminar concluyen que la estructura arquitectónica tiene filiación incaica porque presenta las clásicas ventanas ciegas de forma trapezoidal, muy comunes en el imperio inca, en el Cuzco, y a la vez dos estructuras de planta circular en el lado sur que, por la posición geográfica y por la forma, no entran en el patrón arquitectónico constructivo y de culto de los incas”, dice el arqueólogo.

Vallegrande, Santa CruzLas dos edificaciones, que son como “pequeños paraninfos mirando hacia el sur”, no pertenecen exactamente a la estructura incaica sino que muestran culto a la Cruz del Sur o al dios Tumpa (huella del Piyo o Ñandú), dentro de la tradición de la mitología guaraní. Ergo, la totalidad de la estructura se construyó aparentemente en una alianza entre los incas y un grupo guaraní aliado (para luchar contra otros grupos guaraníes). Callisaya dice que el lugar era un fuerte incaico, “una avanzada en busca del Paitití”.

La gestión del patrimonio arqueológico es otra preocupación del trabajo. Y la misma presencia de un arqueólogo es una amenaza, dice Callisaya, porque su intervención puede acelerar el deterioro de los muros. El profesional explica: “He tomado varias estrategias de preservación y conservación de los muros, no hemos limpiado por completo los muros para que no haya un cambio abrupto en la microtemperatura o microambiente que provocan las plantas, y hemos avanzado paulatinamente para que los muros no sufran un impacto grande en el momento de sacar las plantas; por último las plantas que están sobre los muros ni las hemos tocado como estrategia de conservación”.

El estado de conservación de las murallas es bueno, no están deterioradas aunque algunos sectores están colapsando, como las dos estructuras semicirculares. La Gobernación de Santa Cruz destinó cerca de 14 millones de Bolivianos para investigar, preservar y conservar los restos arqueológicos e históricos del departamento, la mayor parte del presupuesto está dirigido a la restauración y conservación de los templos históricos.// PIEB (BO)

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