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Hace 40 años, la prestigiosa e influyente Asociación Estadounidense de Psiquiatría (APA, por sus siglas en inglés) borraba la homosexualidad de su lista de enfermedades mentales.

Aquel diciembre de 1973, los psiquiatras que formaban el consejo de administración de esta organización profesional sancionaron definitivamente, tras años de enfrentamientos y fuertes polémicas científicas, que ser gay no podía ser considerado una mental illness, una suerte de trastorno psíquico que podía tratarse en clínica o con fármacos, como la esquizofrenia u otras patologías.

Fue una decisión histórica y una etapa importante que marcó un paso adelante en el movimiento en favor de los derechos de los homosexuales. Hoy pensar que quien ama a una persona del mismo sexo no es un enfermo que hay que curar parece algo descontado -aunque no lo es para todo el mundo-, pero en aquella época esa decisión se tomó al término de un período marcado por un fuerte debate y una violenta contraposición social.

Dos años antes, en 1971, la conferencia nacional de la asociación psiquiátrica que se celebraba en San Francisco fue objeto de una dura protesta por parte de los primeros gays organizados.

La homosexualidad en el mundoEl activismo gay empezó a dejar de ser minoritario para convertirse en una proclama social: fueron los años en los que se hacía oír en las calles el Gay Liberation Front, la primera asociación de homosexuales de Estados Unidos, nacida tras la marcha Stonewall Riots, revueltas que estallaron en Nueva York el 28 de junio de 1969 tras la decisión de la Policía de desalojar un bar donde se reunía la comunidad gay, en el Greenwich Village.

Era la época en la que Harvey Milk se mudó con otros tantos gays de Nueva York a San Francisco, donde en 1977 se convirtió en el primer homosexual en ser electo a un cargo público.

Poco después Milk fue asesinado y se convirtió en un símbolo, un mártir de la lucha de los gays por la igualdad, siendo incluso galardonado años después, a título póstumo, por el presidente Barack Obama con la Medalla Presidencial de la Libertad, la más alta distinción civil del país.

Si la política estadounidense ha dado pasos adelante en este tema -basta pensar en los tantos estados del país que están reconociendo el matrimonio homosexual-, no puede decirse lo mismo de la comunidad científica.

Sólo en 1998, con culpable retraso, el mismo consejo de administración de la American Psychiatric Association condenó toda forma de tratamiento o conversión de gays en heterosexuales, basada en la hipótesis errada de que la homosexualidad es un trastorno mental que se puede curar con psicofármacos.

Pero en una sociedad como la estadounidense, en la que conviven franjas extremistas, la lucha por los derechos no ha terminado: lo demuestran las ideas expresadas por la misma Michele Bachmann, heroína del movimiento ultraconservador Tea Party y candidata a la nominación republicana a la Casa Blanca en 2012.

Recién en 2006, esta senadora describía la homosexualidad como una "grave disfunción”, una esclavitud personal que lleva a la anarquía sexual; afirmó abiertamente que "Dios nos creó para ser heterosexuales”.

No en vano, junto a su esposo, Marcus Bachmann, gestionaba una clínica psiquiátrica, acusada de tratar a los gays como pacientes. Al trascender, en la época de su candidatura presidencial, estalló el escándalo. "Tenemos este programa de terapias sólo para quien lo pide”, se justificó ella.// Página Siete (BO)


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