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(Bolivia informa).- Vitichi es una población y municipio que pertenece a la Segunda Sección Municipal de  la Provincia Nor Chichas, departamento de Potosí, Bolivia.

Cuenta con 10.646 habitantes (2012).

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Vitichi: un encuentro con la naturaleza siguiendo las huellas de fray Vicente Bernedo

Vitichi es un pequeño y pintoresco pueblo ubicado en la segunda sección de la provincia Nor Chichas del Departamento de Potosí. Dista de la capital aproximadamente unos 100 kilómetros. Su importancia, al margen de su ubicación en el camino troncal que une la capital del Departamento con la ciudad de Villazón, es sin duda la realización anual, a fines del mes de julio, de una peregrinación al pueblo y su entorno, siguiendo las huellas que dejó marcadas un famoso penitente del siglo XVII.Poblaciones potosinas

Las tierras de Vitichi fueron habitadas desde tiempos remotos por culturas milenarias cuyo estudio es fundamental para el desarrollo de la identidad de sus habitantes locales, pues ya en tiempos pre inca formaban parte de los señoríos aimaras, situándose en un enclave fronterizo entre las naciones Qaraqara y Chichas.

Durante el periodo virreinal, tanto Vitichi como Calcha se urbanizan como núcleos de las reducciones post toledanas, con una fuerte vocación agrícola y frutícola, quedando hasta nuestros días una gran identidad cultural en torno a usos y costumbres expresados en su música, danzas, gastronomía y vestimenta típica.

EL SIERVO DE DIOS

Fray Vicente Bernedo llegó a Potosí en 1601 y permaneció en el convento de Santo Domingo donde vivió alrededor de dos años en una celda improvisada cerca de la torre. Acostumbrado a una vida rigurosa y de penitencia, fue recorriendo el territorio del actual Departamento de Potosí, visitando en particular los territorios de los Chichas y Lípez, sin olvidar otros importantes sitios y centros mineros ya vigentes en aquella época como Porco, Santa Isabel, Atocha, Caiza, Tatasi, San Vicente, Oploca, Mataca, Oroncota, Tomina y la legendaria Vitichi.

La descripción que dan las biografías respecto al equipaje que llevaba el Siervo de Dios para sus viajes misioneros es mínima y sólo hace referencia a una delgada tela elaborada de algodón que le servía para armar una especie de carpa que por cierto difícilmente lo protegía del frío. Un dato importante que sobresale en la biografía escrita por el dominico Salvador Velasco es la mención de que, al ir a vivir en el área rural, evitaba pasar la noche en casas o ranchos y prefería internarse en lo profundo de los montes, intercalando el breve descanso con intensos momentos de oración hasta el amanecer.

Existen registros de la misión que realizó el venerable Siervo de Dios en Vitichi durante dos oportunidades: 1608-1610 y 1616-1618. Su principal objetivo en todos sus lugares de misión consistía en la fundación de cofradías, dedicadas tanto a Jesús como a la Virgen del Rosario. Una prueba de ello es que en el folklore de la región se tiene un canto en idioma quechua titulado Mamá Rosario.

UNA CUEVA Y UNA ERMITA

En aquella época, luego de interactuar con los habitantes y predicar en la capilla de la casa de hacienda, salía a los montes próximos a pasar la noche en oración y penitencia. Subía una pendiente hasta la cumbre de un cerro, luego bajaba hacia una cueva, oculta en la ladera. "Entró, era casi de noche. Se puso de rodillas, se descubrió las espaldas y comenzó la disciplina" indica el cronista Juan Meléndez.

Precisamente es esta cueva la que cada último fin de semana del mes de julio recibe la visita de peregrinos provenientes de Potosí y devotos radicados en la ciudad de Sucre, que, tras subir una cuesta empinada señalada con cruces de piedra, llegan a una ladera escondida entre las montañas donde veneran la cueva. El sitio en sí se llama Pasto Huayco. La tradición oral de los pobladores de Vitichi sitúa en este lugar la "Cueva del Santo"

En la cumbre del mismo monte existen los restos del cimiento de una capilla. La tradición indica que habría sido edificada por Fray Vicente. Este lugar es conocido como la Ermita.

En 1825, Bolivia nace a la época republicana. Nuevas tendencias, corrientes, ideologías y sobre todo políticas de Estado hacen que las nuevas autoridades en 1826 tomen la medida de expulsar y clausurar la mayoría de los conventos de órdenes religiosas en todo el país.

En Potosí, los tres últimos dominicos fueron expulsados a La Paz y, a pesar de la ausencia de la orden, la devoción a Fray Vicente subsistió en el imaginario de los distintos estratos sociales que entonces conformaban la sociedad potosina y viticheña.

Las biografías virreinales habían quedado olvidadas en el tiempo, sin embargo, su vida fue una veta para elaborar trabajos literarios en el género leyenda, destacando los escritores J. M. Camacho, L.F. Manzano y P.B. Calderón, cuyas obras fueron recogidas en las Crónicas Potosinas publicadas por Modesto Omiste.

EL PADRE CANISIO Y LA REVITALIZACIÓN

El año 1986 llega a Potosí el padre Fr. Canisio Friedrich, religioso de la Orden de Predicadores de Santo Domingo de Guzmán con el propósito de revitalizar la devoción a Fray Vicente Bernedo, agilizar su causa de beatificación y restaurar el templo de Santo Domingo que en ese entonces sufría graves deterioros debidos en gran parte al descuido y a las inclemencias del tiempo.

Con el apoyo de damas y caballeros potosinos que integraban el Centro Católico Fray Vicente Bernedo (Organización fundada en los años 50 por Armando Alba, Mario Chacón Torres y Monseñor Cleto Loaiza) y la Cofradía del Santo Rosario, el padre Canisio retomó la peregrinación al legendario pueblo de Vitichi.

Si bien no se tenía una fecha específica, puesto que inclusive las peregrinaciones hechas por devotos de forma individual se hacían para Semana Santa, se decidió realizarla cada último fin de semana del mes de julio, ya que estas fechas son una preparación espiritual al 19 de agosto, fecha en que se conmemora la muerte del fraile.

A partir del año 2014 comienzan a llegar a Potosí varios sacerdotes dominicos como Fr. Henry Tapia, Fr. Carlos Delgadillo, Fr. Fernando Delgado y Fr. Floriano Álvarez y el año 2017 se consolida el anhelado sueño del padre Canisio con la vuelta a la ciudad de una comunidad estable de frailes dominicos y la erección de una casa llamada "Fray Vicente Bernedo" ocupando los antiguos predios del convento, convertido en cárcel pública durante la República.

Con la presencia de la Orden, se ha articulado una gran familia dominicana en Potosí, cuyos integrantes son miembros de los distintos grupos: La cofradía de la Virgen del Rosario, La Tercera Orden, el Movimiento Juvenil Dominicano y los grupos de jóvenes y niños que giran en torno a los sacramentos de la primera comunión y confirmación.

La peregrinación a Vitichi se la hace en comunidad, realizando los preparativos, las invitaciones al pueblo potosino en las misas y por medio de la prensa, las reuniones de coordinación con las autoridades del Municipio de Vitichi. Ya el día sábado a primeras horas de la tarde parten los vehículos para llegar al atardecer.

ENCUENTRO CON LA NATURALEZA

A las 6 de la tarde los peregrinos se concentran en una rotonda de acceso al pueblo, en torno al monumento a Bernedo, y se inicia una procesión rumbo a la iglesia intercalando el rezo del Rosario con las melodías de una banda de música que interpreta instrumentos típicos. Ya al llegar a la iglesia principal del pueblo llamada Espíritu Santo, se celebra la misa de Vísperas en la que los peregrinos anotan varias intenciones.

La iglesia es una hermosa construcción de estilo neoclásico con fachada sobria y dos torres que dominan la plaza principal a semejanza de una catedral. Su interior se halla ornamentado con varias imágenes religiosas destinadas a la veneración popular, destacando por su singularidad un calvario de proporciones reales junto a las imágenes de San Dimas, el Buen ladrón y Gestas, el mal ladrón.

La parroquia durante buen tiempo fue administrada por la congregación de los padres Misioneros de Yarumal, hasta hace dos años, ya que se retiraron hacia Cotagaita entregándola nuevamente a la Diócesis de Potosí, representada por el padre Pedro Centellas, su actual párroco.

El municipio, valorando sus usos y costumbres, organiza una noche cultural en la plaza principal donde se demuestran los cantos y danzas propias de la región, estampas del famoso Carnaval Viticheño. Para cenar existen algunos locales que expenden alimentos y los puestos del mercado ofrecen café acompañado con el típico pan de Vitichi y el delicioso queso de cabra.

Existen alojamientos a los cuales recurren los peregrinos para pasar la noche, también varias casas particulares. El municipio y la parroquia habilitan albergues gratuitos o con precios accesibles a todo bolsillo.

Al día siguiente, domingo, existen dos opciones: por lo general los jóvenes y los peregrinos que van por primera vez suelen madrugar a las 5 de la mañana. Y, caminando por una senda rústica, abrigados por el intenso frío, caminan unas tres horas hasta llegar a la cueva y ermita. Esta experiencia es única ya que es una oportunidad para interiorizarse y contemplar las maravillas de la naturaleza, se puede apreciar el cielo estrellado y sus constelaciones, un impresionante y emotivo amanecer y la belleza y colorido de las montañas cubiertas con tímida flora nativa. Desde los viejos cercos de piedra y ruinas, las cabras que proveen de su leche para la elaboración del típico queso viticheño, despiertan tímidamente y dan la bienvenida a los grupos de peregrinos que se dirigen rumbo a la legendaria Cueva.

De hecho, luego de haber caminado desde Vitichi hasta Pasto Huayco unos 12 kilómetros, el visitante puede ver escondidos entre los matorrales y rocas los restos de un rancherío que, por su emplazamiento próximo al sitio de la Cueva y la Ermita, merecería a futuro un estudio y sondeo arqueológico que daría luces sobre quienes habitaron estas ruinas y si fue precisamente por evangelizar a sus habitantes que Fray Vicente eligió este páramo como lugar predilecto de su intensa oración y penitencia.

EL ENCUENTRO CON FRAY VICENTE

Con estas interrogantes, cantando temas musicales religiosos, meditando, deteniéndose para tomar un sorbo de café o pijchar hojas de coca, los peregrinos se sienten renovados al contemplar una hermosa salida del sol, renovando el ánimo ya que desde Pasto Huayco hasta la Cueva y Ermita quedan aún dos kilómetros más por recorrer.

Otro grupo de peregrinos, formado en especial por personas de la tercera edad, mujeres y niños, llega hasta el pie de la montaña llamada El Abra en vehículos contratados para el caso y es en este lugar donde ambos grupos se encuentran para ascender a la ladera y cúspide donde se hallan la cueva y ermita. Entre El Abra y la cúspide existen catorce cruces de piedra a manera de Calvario que invitan nuevamente al recogimiento, esta vez rezando el Rosario y meditando en las 14 estaciones del Vía Crucis. Cada cruz lleva además una plaqueta o exvoto de los peregrinos y devotos que la construyeron como agradecimiento por algún favor recibido por la intercesión del venerable Siervo de Dios.

En la mitad de la pendiente, el camino se bifurca, el sendero de la izquierda es el que primero se toma para llegar a la Cueva; el de la derecha se debe retomar luego necesariamente ya que conduce a la cumbre, donde se hallan los restos de la Ermita.

Al llegar a la cueva, oculta entre matorrales de churqui y sewenqa y próxima a un barranco, se perciben sentimientos encontrados: la felicidad de los peregrinos por haber llegado hasta el lugar donde vivió y rezó Fray Vicente Bernedo, el paisaje hermoso y sobrecogedor que muchos aprovechan para tomar una selfie, familias o grupos de amigos que se disponen a hacer fila para ingresar uno a uno en la pequeña gruta abierta naturalmente en la peña.

El acceso fuera riesgoso y difícil si no existirían unas escaleras metálicas acertadamente colocadas por alguna buena autoridad. Lo curioso es que aquí nadie pelea por entrar primero, o "colarse" en la fila, la gente muestra un respeto único. Ya en el interior de la cueva, debido a sus dimensiones reducidas, cada peregrino entra agachando la cabeza, una buena oportunidad para meditar en la humildad del Siervo de Dios, del cual se tiene unas fotografías, una en color y la más antigua a blanco y negro que reproducen la famosa pintura mortuoria realizada en 1619 por el maestro vascongado Pablo Alonso de Arandia.

La cueva, al igual que la Ermita existente en interiores del convento de Santo Domingo se halla dividida en dos partes, la tradición indica el espacio más profundo como el lugar en que Bernedo pernoctaba luego de sus intensos ayunos, oraciones y penitencias. El peregrino, si quiere ingresar a la cámara interior, esta vez debe hacerlo de rodillas o gateando; luego de encender un par de velas y pedir los favores al Venerable sale y da paso a los siguientes con la esperanza de que Fray Vicente intercederá ante Dios para realizar las peticiones de sus devotos.

Luego hay que retomar el camino subiendo la pendiente y esta vez tomar el sendero derecho que conduce a la cumbre. Habiendo llegado se tiene tiempo suficiente para el descanso y la admiración del hermoso paisaje, una vista panorámica de toda la región de Nor Chichas con sus principales montañas y valles que contrastan con la pureza de su cielo azul.

A media mañana, luego de una pequeña pero significativa convivencia, los religiosos de la Orden de Santo Domingo realizan una hermosa eucaristía a cielo abierto en el mismo lugar donde hace casi 400 años atrás Vicente Bernedo construyó una ermita para la gloria de Dios.

La misa acaba casi al mediodía y los peregrinos se preparan para el retorno a Vitichi, retomar el camino hacia El Abra y Pasto Huayco, donde esperan las movilidades rumbo al pueblo.// La Patria

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