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Al caudaloso río Han que atraviesa Seúl, los coreanos le atribuyen el ‘milagro’ de haber transformado un país devastado por la guerra civil (1950-1954) en una potencia económica, la cuarta de Asia y entre las 13 del mundo. Un milagro si uno piensa que carece de recursos naturales y tiene solo 99.900 kilómetros de superficie (casi la cuarta parte de la extensión de Santa Cruz, Bolivia).

En la capital coreana, los rascacielos de cristal y acero impresionan, tanto por sus materiales como por el riesgo en sus formas. De noche parecen un paisaje futurista.

Dinero tuvo la oportunidad de visitar el país a través de una invitación de Koica, la agencia de cooperación coreana. La misión boliviana estuvo integrada por periodistas y autoridades que participaron de un curso sobre la economía de Corea del Sur.

Basta con llegar al aeropuerto de Incheon, considerado el mejor del mundo por octavo año consecutivo, para sorprenderse por su diseño vanguardista y avances tecnológicos. La terminal fue construida en una isla artificial que conecta las islas Yeongjong y Yongyu.

Lugares del mundoEl catedrático Keuk-Je Sung dijo que la exportación, la innovación y, sobre todo, una fuerte apuesta por la educación, considerada crucial para el éxito y a la que se destina el 5% del PIB, son claves en el desarrollo de esta competitiva nación asiática.

El programa Saemaeul

Pero, ¿cómo fue posible que un país rural y pobre evolucione a una economía industrializada orientada a la exportación y con alto crecimiento? El profesor Sung explicó que las directrices se dieron en el movimiento Saemaeul (nueva aldea).

Park Seung Woo, decano de la Universidad de Yeungnam, señaló que en el programa fue decisivo el compromiso entre empresarios y trabajadores, con el Gobierno como intermediario y el apoyo de políticos y líderes sociales, para avalar reformas económicas muy duras.

“Tenemos un territorio muy pequeño con 50 millones de habitantes y todos tienen que sobrevivir”, dijo el director de información de la agencia coreana de noticias Yonhap, Lee Ki Chang.

“Hay una voluntad de tener éxito, de querer ser el primero. Por eso somos muy trabajadores”, argumentó.

La receta es educación y trabajo, la motivación de la población y un liderazgo que supo adaptarse a los nuevos tiempos.

Empresas coreanas como Samsung, SK Innovation, Posco, Hyundai o Kia se transformaron en potentes multinacionales que desde grandes conglomerados industriales impulsaron otro fuerte ciclo de crecimiento.

Así, se alzó con el liderazgo mundial en el acceso a internet más rápido del mundo (14,2 Mbps) y de banda ancha per cápita más alto, o, en el campo industrial, con el primer puesto en construcción naval. También es un país puntero en robótica.

Pero, como contrapunto largas jornadas laborales y solo 15 días de vacación, donde los estudiantes soportan también extensas y exigentes jornadas, deriva en una fuerte presión competitiva, estrés, tasas altas de suicidios y poco tiempo de ocio.// El Deber (BO)

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