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Según una investigación, las presiones del mercado para elevar la calidad de ciertas variedades comerciales de papa está desplazando la conservación de variedades nativas, una de las principales estrategias de los agricultores del altiplano frente a la variabilidad climática y de mercado. “La adaptación hacia la resilencia es fundamental para reducir la vulnerabilidad de la producción agrícola y apuntar al desarrollo de modos de vida sostenibles”, dice el trabajo “Papas nativas, acceso al mercado y resilencia en el altiplano boliviano”, publicado con otros estudios en el libro Cambio climático y adaptación en el altiplano boliviano (CIDES-UMSA, 2013).

“La agricultura basada en variedades nativas no sólo es vulnerable debido a los riesgos del mercado, sino también porque es uno de los sectores más sensibles al cambio climático”, señalan las investigadoras María Figueroa-Armijos y Corinne Valdivia, quienes estudiaron el tema en el contexto de la Plataforma Andina Boliviana, organización que promueve la colaboración entre los actores de la cadena productiva de la papa para, entre otras cosas, reducir los costos de transacción para todos sus participantes, con especial énfasis en los pequeños productores de papa nativa.

La investigación destaca estadísticas recientes que demuestran que las familias rurales más pobres de América del Sur residen en el altiplano boliviano, y que en los últimos años han experimentado severos eventos climáticos, como sequías, granizo e inundaciones, debidos en su mayoría a El Niño. Entre 1997 y 1998 se han registrado daños equivalentes a unos 537 millones de dólares americanos, sostienen.

El trabajo hace una descripción de cómo el clima juega un papel crítico en la toma de decisiones para la producción, consumo y adaptación entre los productores del altiplano boliviano, y la variabilidad climática es la que contribuye en mayor grado a la vulnerabilidad de la agricultura. Los riesgos que genera no sólo son para la producción agrícola, sino también para las economías que dependen de ella. Sin embargo, los agricultores de esta región han persistido durante siglos.

La papa en BoliviaEntre 1997 y 1998 el cultivo más perjudicado fue el de papa, que mayoritariamente está en manos de los más pobres. Pero además, los agricultores del altiplano tienen que lidiar con otros desafíos. La producción a menos escala se identifica como improductiva y riesgosa, a causa también de la falta de información sobre precios del mercado.

Pero además, en un escenario de variabilidad climática y de mercado, la adaptación hacia la resilencia es fundamental para reducir la vulnerabilidad de la producción agrícola y apuntar al desarrollo de modos de vida sostenibles.

Aunque la situación es desafiante, los pequeños productores de la región andina cuentan con conocimientos únicos para el cultivo, transformación y uso de variedades nativas de papa, dicen las investigadoras. El área se caracteriza por cambios drásticos de temperatura entre el día y la noche, pero esto permite el procesamiento de productos artesanales derivados de la papa, conocidos como chuño y tunta. Ambos están elaborados con variedades nativas de papa que tienen bajo valor comercial, debido a su tamaño, forma y sabor, la ventaja es que pueden almacenarse por más de 5 años. El chuño y la tunta, cuya producción boliviana anual es de unas 2.499 toneladas y 1.900 toneladas, respectivamente, son consumidos tradicionalmente por habitantes de Perú, Bolivia y la zona norte de Argentina.// PIEB (BO)

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