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Aiquile fue fundado por D.S. de 8 de Julio de 1899, posteriormente por ley de 22 de Enero de 1900, en el gobierno de José Manuel Pando, se crea la provincia Narciso Campero con su capital Aiquile y cantones Pasorapa, Omereque y Quiroga.

No siempre es fácil plasmar en un artículo de prensa todo lo que representa un pueblo para una persona que ama tanto el lugar donde nació y creció una buena parte de su vida; y menos hacer una historia de esta tierra que tuvo que afrontar y afronta tantos problemas, desde sociales, económicos, hasta fenómenos naturales, como los movimientos telúricos periódicos, falta de lluvias y con ello la escasez de este preciado líquido para la población y en el área rural para los sembradíos temporales y el ganado. Actualmente, estos terrenos están abandonados por la migración al Chapare.

El hombre y la mujer aiquileños crecieron y murieron en la tierra que los vio nacer, constituyendo una población floreciente, desde los terratenientes españoles, hasta los criollos encomenderos, familias pioneras de promisión en esta tierra de paz y sosiego.

La vida laboriosa y productiva era tan importante, que ya en el censo de la Dirección General de Estadística Nacional de 1950, destacaba datos concretos de su capacidad productiva, cuya calidad era comparada con algunas regiones de México. En base a esta producción, se impulsa una industria agropecuaria y licorera, alfarera, curtiembre, telares de tradicional y notoria demanda nacional, el comercio de indiscutibles signos de prosperidad.

Lugares turísticos de CochabambaLa construcción del charango en esa época era sólo para atender la demanda por parte de los campesinos, porque la mayoría de ellos tocaba este instrumento. Con el tiempo esto se expandió al pueblo y los artesanos fabricantes mejoraron tanto la calidad del charango que grandes músicos, intérpretes y entendidos en la materia daban fe de la calidad de percusión de este instrumento. Por esta razón, los charangos construidos en Aiquile son considerados como los mejores del país y del exterior.

Ocurrió lo contrario con la producción licorera. En Aiquile se fabricaba un licor (anisado) de caña de azúcar, cuya calidad competía con el tequila mexicano, fabricado de agave o maguey, que tiene unos 38º G.L. La primera destilación del anisado era el “brinco” que tenía hasta 40º G.L. y era muy requerido, especialmente por la gente del Altiplano y las minas. La posterior aparición del alcohol de caña de azúcar, que se fabrica actualmente en Santa Cruz, fue la causa para el cierre de estas fábricas, principalmente por el precio más barato.

Su vocación cristiana se reflejaba y se refleja hoy en el culto y devoción a la Patrona del Pueblo de Aiquile: la Virgen de la Candelaria, morena y bella que en su placida sonrisa lleva un permanente consuelo a los afligidos y devotos cada 2 de Febrero. En devoción de la Virgen se organiza la famosa “corrida de toros” durante una semana, tardes en la que los aiquileños y forasteros aprovechan para dar rienda suelta a la alegría y la diversión.

El campesino después de la corrida de toros, caminando de retorno a su casa durante la noche,  tocaba y cantaba versos a la vida y al amor,  como la más pura expresión de sus sentimientos.

Los carnavales con características propias, coplas, versos, mojasones y comparsas, que con emoción extraordinaria del alma recorrían las calles bailando al son de una banda, acordeón, guitarras, charangos, mandolinas, con alegría y entusiasmo desbordantes propios de una juventud sana y soñadora. A manera de descanso estas comparsas visitaban las casas, donde los dueños se prodigaban en sus atenciones, invitando el famoso “huarapu”, deliciosa chicha de maíz exclusivamente elaborada para las fiestas de carnaval.

Así llegamos a la fiesta de Todos los Santos con sus ritos y costumbres culinarias conocidas, por ejemplo el inigualable plato del “Uchuku”. En Aiquile esta fiesta duraba una semana, y el paseo emblemático para todos, especialmente para los galantes, era el “K´jochí”: una pequeña laguna rodeada de pasto y bordeada por un riachuelo con frondosos árboles de sauce llorón, ceibo, molle y eucalipto.

Entusiasmo desbordante, risas, versos, coplas y requiebras salían de todos los labios, cuando una hermosa mujer se mecía en la “Wallunk´a”, quien  cantaba versos mientras los enamorados batían de las sogas.

En abundante mixtura de bailecitos, cuecas y kaluyos, suenan al unísono los armonios, guitarras, charangos, quenas y mandolinas, iniciando los bailes bajo la sombra de los añosos árboles del  lugar. La música sacude a todos los habitantes en contrapunteo sutil y alegre, como una fiel expresión de la juventud que sueña con su amada al lado de ese poeta criollo, el charango, un intento del amor que cobra alas en sentidos versos:
Cholita aiquileñita,

misk’i sunqu palomita,

Uyariway, khawariway

muchaykushpa kawsarichiway

En este incontenible lenguaje de vida, música y alegría, en directa comunicación con las sementeras exultantes de huertos, pájaros y abejas zumbadoras, arrancando el más puro beso de las flores, se bailaba la “Mecapaqueña”; una danza en ritmo de taquirari o huayño, emulando las figuras de la “cuadrilla de los lanceros” francesa, que en aquella época bailaban los de la clase alta en salones de la capital del país. En Aiquile la bailaban los obreros y posteriormente los de la clase media.

Aiquile, después del terremoto se levanta nuevamente como el ave Fénix para reconstruir todo aquello que la naturaleza le quitó en su aspecto físico, pero lastimosamente ya no se puede hacer nada  con las vidas perdidas irremediablemente; la antigua ciudad con rasgos coloniales desapareció, dando paso a las construcciones a base de cemento y fierros, y con el plan de reordenamiento urbano de Aiquile “se alinearon, ensancharon  y pavimentaron avenidas y calles de difícil acceso vehicular”. Si bien se logró colocar servicios básicos, éstos no funcionan a plenitud por falta de agua.

Actualmente, Aiquile está habitado por gente muy laboriosa que migró del interior del país, dándole otra dinámica de desarrollo a través del comercio. Bienvenidos hermanos a esta tierra de promisión.

En el año 1984,  un grupo de residentes aiquileños en La Paz, cuyo presidente era el prof. Jesús Suárez (+), tramitaron un decreto para que se reconociera a Aiquile como la Capital Nacional del Charango. Este decreto salió en ese año, cuando Alfonso Camacho era ministro de Educación y Cultura. Posteriormente, este decreto fue ratificado y elevado a rango de Ley Nº 2582 de 9 de Diciembre de 2003, declarando a “Aiquile la Capital Nacional del Charango” y de la Feria y Festival Nacional del Charango, como un justo reconocimiento a la calidad de construcción y percusión de los charangos fabricados en Aiquile por prodigiosas manos de diestros maestros artesanos oriundos de esta singular tierra.

A la Feria y Festival del Charango que año tras año va cobrando mayor importancia, asisten eximios intérpretes y compositores del charango, locales, nacionales e internacionales.

Este festival es un gran motivo para el reencuentro de residentes aiquileños de todos los lugares, abrazos, sorpresas, recuerdos y anécdotas acompañan esta alegría de compartir nuevamente; asimismo, para los centenares y ocasionales turistas, que tienen la oportunidad de conocer y vivir las tradiciones y costumbres del hospitalario pueblo de Aiquile.

Al ser testigos de la gran convocatoria nacional e internacional que tiene la Feria y Festival del Charango, debemos pensar en mejorar la calidad de organización de este evento. Tener buena infraestructura, comodidad para el público asistente, baños adecuados y atendidos.

No olvidemos que todo festival transmite valores, sentimientos, cultura, tradiciones, interculturalidad, trato cordial con los visitantes, y no confundir con una peña folklórica.

Sin embargo, si se la planifica y organiza adecuadamente podría ser festival y peña ya que ambas son también expresiones de la cultura y costumbres de los pueblos, por lo que todo depende del nivel de organización y seguimiento que se le haga.

Pedimos al Gobierno cumplir con sus ofertas y concluir con las obras que prometió a este pueblo, como por ejemplo la tan publicitada “Y” de la integración, donde sólo el departamento de Chuquisaca concluyó hasta el puente Arce; lo que toca al departamento de Cochabamba, está paralizada. En cuanto a las autoridades locales, exhortarles a trabajar con más dedicación y cariño al pueblo que representan, cumpliendo con los proyectos planificados: salud, educación y agua potable.

Finalmente, desde esta página invitamos a la ciudadanía a visitar el pueblo de Aiquile que les espera con los brazos abiertos desde el 31 de octubre al 2 de noviembre próximos.

El agradecimiento es la memoria del corazón: aiquileños, si se sienten decaídos no desesperen, el sol también decae en cada atardecer, para levantarse nuevamente cada mañana.// Los Tiempos (COM)


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