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En los carnavales, los ch’utas malos morían en la cancha de ese sector.

Hacia 1960, El Tejar era simplemente un lodazal. Por aquel tiempo, en el lugar había pequeñas fábricas de tejas destinadas para cubrir los techos de las viviendas de la ciudad. De allí viene su nombre.

Milton Rojas, quien vive hace más de 40 años en ese lugar, relató que entre 1960 y 1965, los viajeros llegaban con animales que cargaban tejas. “Traían tejitas en sus burros a la sede del gobierno y a El Alto, por muchos años La Paz estuvo revestida de ese material”.

La zona. Según la Historia de los Barrios Paceños, obra que publicó la Alcaldía en 1965, El Tejar era un terreno con frondosos árboles. Mariano Mamani colonizó el área.

Otra vecina, Felicia Suazo, señaló que en 1968 empezó a poblarse el lugar, ya que hasta ese año, sólo había tres casas construidas con adobes. “Antes, el barrio era marginal, no había agua ni caminos, sólo teníamos rocas grandes por todo lado, pero con el pasar de los años hasta las piedras han desaparecidos en las mismas construcciones”.

La vecina señala que cuando llovía  se deslizaba la tierra y la zona era afectada por una mazamorra que ingresaba desde la cancha de fútbol. “Cuando llovía mis papás se preparaban para enfrentar el agua. Los animales eran los que más sufrían. Muchos perecieron”.

Rojas recordó que el primer presidente vecinal de la zona fue Félix Flores, quien logró el acceso al alcantarillado, agua potable y electricidad. Hizo, además, asfaltar algunas calles.

“Don Félix fue un gran hombre. Luchó por el bienestar y desarrollo de la zona. Cuando yo vine a vivir aquí, no había luz ni agua. Todavía existían los hacendados”.

La fiesta de los ch’utas. En1965, un grupo de amigos de El Tejar formó una comparsa que recorrió media cuadra a paso de baile, desde entonces se hizo una tradición. Después de cada fiesta, algunos ch'utas morían, pues, ebrios, iban a la cancha, pero se embarrancaban y fallecían.

“En sus inicios, la zona era abandonada, pero poco a poco se fue desarrollando. Hoy El Tejar es un barrio de referencia por sus actividades económicas y culturales”. Milton Rojas / VECINO

El libro Historia de los Barrios Paceños señala que los vecinos de El Tejar, en época de lluvias, se enfrentaron con mazamorras y ríos que descendían de la que ahora es la avenida Kollasuyo e inclusive del Cementerio y Apumalla, que por entonces eran vertientes.

Según el documento, en 1958 hubo una tragedia en la que perecieron varios bailarines que se encontraban en la zona, por las fiestas carnavaleras.

“Empezó de pronto a llover torrencialmente a las 19.00, las comparsas hicieron su recorrido por la avenida Héroes del Pacífico y a la altura del Cementerio General, cerca a la Calle Santos Prada, donde había una enorme zanja, empezó una oleada. Los chutas y pepinos cayeron al hoyo y fueron arrastrados por la mazamorra del río Utapulpera”.

Las demandas. El vecino Marcelo Quispe señala que, hasta ahora, en las avenidas y calles del barrio se producen sifonamientos por el humedecimiento de la tierra. “Cuando llueve es peligroso, las paredes se rajan, las calles se vuelven ríos y se arruina el asfaltado de las vías”.

Otro de los problemas de la zona es la basura, ya que las vendedoras del mercado popular dejan grandes cantidades de desechos.

“Las comerciantes botan sus frutas malogradas en plena calle. Se hizo una reunión, en la que se comprometieron a cuidar los espacios, pero todo sigue igual”.

El sonido de una campana alertaba a los vecinos de la caída de mazamorra con piedras, en las épocas de lluvias.

“La apertura de bares, en El Tejar, pone en riesgo la integridad física de las familias que viven aquí, en especial los fines de semana”. Marcelo Quispe / VECINO// La Prensa

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