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Se encuentran a diario en las calles, avenidas, ferias, unidades educativas, centros de educación e instituciones que demandan su presencia, pues su imagen trasciende más allá de lo pintoresco.

El 19 de noviembre del 2001 se inició aquella aventura, misión imposible quizás o un sueño muy difícil de lograr. Hoy, después de nueve años, esta idea de pocos, se ha convertido en un proyecto consolidado donde las conocidas y re-conocidas “Cebras” son el personaje principal que día a día convierten a la ciudad en esa casa grande que debemos amar y respetar.

Recorriendo la historia y orígenes del hoy denominado Proyecto de Educadores Urbanos “Cebras”, encontramos aquellas anécdotas inolvidables, recuerdos especiales y argumentos necesarios para contarnos cómo surgió esta idea.

 

ORÍGENES

Entre documentos, recortes de prensa, declaraciones de las autoridades de la época e historias contadas, encontramos que la iniciativa surgió en un momento especial. Se iniciaba una nueva gestión municipal a la cabeza del ex alcalde, Juan del Granado y existía sobretodo la intención de marcar diferencia pensando ante todo en el ciudadano.

Por otro lado, existía la necesidad de resolver una de las problemáticas más fuertes que enfrentaba la ciudad, el desorden vehicular y el no cumplimiento de la norma tanto en peatones como en conductores. He ahí lo complicado del asunto…

El propósito de cambiar la gestión municipal partió por la necesidad de cambiar la mentalidad de la gente, había que crear una imagen amable de la ciudad que despertara generosidad en el corazón paceño y todo a través de un personaje especial, fue ahí donde surgió la idea de “la Cebra”.

¿POR QUÉ LA CEBRA?

En primer lugar, porque debía representar justamente al paso de cebra, como elemento esencial en la normativa del tráfico vehicular.

Entre otros argumentos más, porque debía ser un elemento que de forma imparcial pueda reflejar un personaje sin color de piel, condición social, económica o edad.

Y así fue como se ideó y creó dicho personaje. El equipo de trabajo se puso en marcha. ¿Y cómo hacemos los trajes?, fue la primera pregunta. Recorriendo puesto a puesto, para solicitar se hagan los trajes, los confeccionistas de la calle Illampu, ponían esa expresión picaresca de ¿qué me estás hablando joven?, hasta que una señora fue la valiente y se animó.

El presupuesto logrado con el aporte de los funcionarios municipales alcanzaba sólo para cinco trajes, pero para sorpresa de muchos, el día de entrega llegaron seis, la señora confeccionista ponía su aporte con uno.

 

LLEGÓ EL DÍA D

El día tan esperado llegó. Las Cebras estaban listas y se estrenaron en las avenidas y calles de la ciudad causando el asombro de todo transeúnte y conductor que las veía. A las ocho de la mañana salieron de las puertas de la Alcaldía para iniciar este reto.

Eran 24 los muchachos que vivieron esa primera experiencia. Jóvenes que se identificaron con este nuevo concepto de ciudad que además les daba la alternativa de volver a ser ciudadanos porque venían de una lógica de discriminación y violencia. El traje de la “Cebra” los convertía en súper héroes y por un tiempo, su trabajo sin remuneración alguna, fue el mayor aporte a la ciudad.

EL TIEMPO JUZGA

Después de casi una década, perdura el recuerdo de una primera experiencia pero con un plus de ganancias que sólo da la perseverancia, el sacrificio y la experiencia.

Ahora, ellos se encuentran a diario en las calles, avenidas, ferias, unidades educativas, centros de educación e instituciones que demandan su presencia, pues su imagen trasciende más allá de lo pintoresco.

Ataviados con enterizos blancos de franjas negras, una cabeza armada de esponja, jóvenes y muchachas de entre 16 y 22 años son portadores de mensajes y compromiso con la ciudad. Las “Cebras” construyeron una ciudad de respeto y de solidaridad.

Y por si fuera poco, su ejemplo trascendió a ciudades vecinas. Tarija, Oruro, Viacha y El Alto desean encontrar en sus avenidas a las “cebritas” (como con tanto cariño las denominan aquí y allá), como aquel 19 de noviembre del 2001.

 

Nueve años de amor a La Paz y 12 horas de trabajo al día

De 7:00 hasta las 19:00 horas, las “Cebras” se encuentran en las principales calles de la ciudad tratando de educar a los choferes y peatones sobre aspectos urbanos.

Katia Salazar, Directora del proyecto de educación urbana que involucra a las “Cebras”, en diálogo con EL DIARIO dijo que “la idea inicial era llamar la atención de los paceños acerca de algo que era necesario, porque la gente ya tenía que empezar a respetar las normas, la relación entre movilidades y peatones”.

Explicó que en un principio, los mismos jóvenes se ubicaban como si fueran agentes de parada, posteriormente realizaron acciones actuadas para que la labor no fuera tan confusa, sino algo cordial para conductores y peatones.

La mayoría de las Cebras oscilan entre 16 y 22 años aunque hay algunos que son mayores, los mismos que permanecen a lo largo del proyecto. “Todos ellos son de programas de la Fundación La Paz y el Hogar Alalay”, relató

Aproximadamente, 30 jóvenes, dependiendo el turno, empiezan su jornada a las 7:00, teniendo cuatro horas de participación, los primeros ingresan de 7:00 a 11:00 horas posteriormente son reemplazados por jóvenes que se quedan de 11:00 a 15:00 horas y de 15:00 a 19:00, horarios en los que sostienen una imagen de acompañamiento al ciudadano.

Estos personajes que son bastante reconocidos, principalmente por los niños, quienes se desesperan cuando las ven en las calles, reciben un sueldo de Bs 400 por mes, que a decir de Salazar no es un honorario, más bien un pago al reconocimiento de la participación, por el esfuerzo que realizan de lunes a viernes.

Vía: El Diario

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