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Luciano Merino, una de las víctimas del tráfico de personas por la agencia Marilyn Tours, llegó a Bolivia luego de inculparse por narcotráfico en las Bahamas, pasando 20 meses en la cárcel de ese estado, cuando se dirigía a Estados Unidos en busca de una “mejor vida”. Ayer, contó a la prensa esos duros momentos.

El 27 de enero de 2012, Merino partió de Cochabamba, haciendo paradas en Santa Cruz, Panamá y Bahamas, donde fue aprehendido  con cinco bolivianos más por el tráfico de 10 kilogramos de marihuana en la casa de Shawn Sanders Bruey, conocido en las islas como un “coyote” de migrantes, con antecedentes de narcotráfico.

Merino se declaró culpable a cambio del pago de 20 mil dólares de parte de Omar Espinoza, propietario de la agencia y por cada uno de sus acompañantes, confiando en que los compañeros que salieron libres lo ayudarían y pagarían. “Como era deudor, sobre deuda no me convenía”, dijo.

Estando preso no recibió ayuda y tuvo que enfrentar hambre, miseria, oscuridad y soledad en una cárcel en la que ingresaban cuatro personas “como pescados”, encadenados de pies y manos.

Historias que duelenSólo tenía derecho a ver la luz del sol cuatro veces a la semana cuando salía de su celda por media hora para bañarse. El cuarto era dormitorio y baño a la vez, siendo que sus necesidades las hacía en una esquina, en un balde que era retirado cada 24 horas.

“Dormía sobre el concreto encima de una caja de manzana; me hice mi plato de un galón que corté con alfiler, la cuchara me dieron mis amigos, el vaso conseguí de un frasco de refresco, después conseguí otro para agarrar mi comida”, relató Merino, aclarando que permaneció incomunicado.

Después de 10 meses preso, Merino apeló a la Corte; su petición tardó siete meses en salir y se suspendieron dos audiencias porque no había intérprete.

Los jueces redujeron la pena de cuatro años a dos y lo dejaron libre. Pasó tres semanas y llegó a Bolivia, luego de que sus familiares pagaran su pasaje de vuelta. Ahora, ayuda a su papá en agricultura (Tolata) y espera que Rolando Ramos, su abogado, tome las decisiones del caso, aunque no cuenta con dinero.

Antecedentes

Luciano Merino corresponde al segundo grupo de bolivianos que quisieron llegar a Estados Unidos en busca de mejores oportunidades de trabajo, contratando los servicios de la agencia de viajes Marilyn Tours, que tenía como propietarios a Omar Espinoza, Ivón Foronda Espinosa y Alexander Rodríguez.

A la fecha, los dos se encuentran en la cárcel; mientras el primer grupo de cuatro personas continúa desaparecido desde el 28 de octubre de 2011. Merino  cree que estas personas se hundieron en el mar.// Los Tiempos (COM)

Perdió su libertad 21 meses por intentar ir a EEUU

La primera noche que Luciano Merino pasó en la cárcel durmió en el suelo. Una caja de cartón le sirvió de cama durante los 21 meses que permaneció en un penal de Nassau, en Bahamas. “No me dieron nada de nada”, repite al recordar que permaneció con la misma ropa mucho tiempo.

Merino, es uno de los cinco ciudadanos bolivianos que llegó a Bahamas, el 31 de enero de 2012, con la intención de atravesar el mar e ingresar ilegalmente a Estados Unidos.

El viaje fue gestionado a través de la agencia Marylin Tours, que funcionaba en una oficina céntrica de la ciudad y contaba con sucursales en el Valle Alto. El responsable de la empresa Omar Espinoza viajó junto al grupo.

En octubre de 2011, Espinoza ofreció el mismo servicio a Francisco Álvarez Reyes, Sandro Velázquez Delgadillo, Ovidio Quispe Mamani y María Luisa Huayha de Guareti, pero hasta ahora se desconoce su paradero.

UNA ODISEA “Tuve que inventarme todos mis utensilios” recuerda el hombre de 40 años, oriundo de Tolata. Un envase de plástico, cortado con mucha paciencia con un alfiler, fue su plato de comida durante su reclusión. Hizo su vaso de una botella pet, pero luego la reemplazó por un envase de vidrio de café.

Luciano Merino no puede ver el arroz porque todos los días era el mismo menú. Se alimentaba dos veces al día. A las nueve el desayuno y a las tres un almuerzo. El desayuno era un pedazo de pan con un vaso de té y otro de avena. El almuerzo era una porción de arroz, carne molida y un pan. Asegura que jamás volverá a pisar ese país porque califica su experiencia como traumática.

IMBORRABLE La estrechez, la oscuridad y la pestilencia de su celda son las cosas que Merino jamás olvidará.

“Dormíamos como sardinas”, recuerda el boliviano que compartió su celda con tres personas más, a quienes no entendía una sola palabra. No hablaban castellano.

Un balde colocado en una esquina era el baño de los cuatro reclusos. Los guardias de seguridad retiraban los desperdicios una sola vez al día, a las seis de mañana.

ENCADENADO Cuatro veces a la semana podían salir de sus celdas a una área libre. El tiempo debía ser aprovechado para su higiene personal. La dificultad era mayúscula por las cadenas que llevaban en manos y pies.

Terminó en la cárcel el mismo día llegó a Bahamas. A los veinte minutos de llegar a la casa del enlace que los llevaría a Estados Unidos fueron detenidos por efectivos policiales acusados de tráfico de marihuana. En la vivienda encontraron diez libras de hierba.

“Yo me culpé por el delito”, lamenta.

Cada uno de sus compatriotas le ofreció entre quince y veinte mil dólares para que se eche la culpa del delito(tráfico de drogas). Después de dos semanas no supo más de ellos. “Debía dinero y por eso asumí el riesgo”, reconoce.

Son 160 kilómetros los que separan a Estados Unidos de Bahamas y en bote se demora cerca de tres horas. El viaje debe realizarse de noche.

Luciano fue sentenciado a cuatro años de cárcel, pero tras apelar ante la Corte obtuvo su libertad en octubre del 2013. Estuvo preso 21 meses.

La audiencia para lograr su libertad fue suspendida en tres oportunidades por falta de un intérprete.

En julio de 2012 el abogado Rolando Ramos viajó hasta Bahamas en busca de ciudadanos perdidos en octubre de 2011. Al visitar el penal identificó un reo boliviano y pensó que se trataba de un pariente de sus clientes.

El abogado recuerda el impacto que sufrió al ver a su compatriota con cadenas en las manos y pies. Solo atinó a abrazar a Merino y a prometerle ayuda.

Al regresar a Bolivia Ramos encontró a los familiares de Merino en Tolata. Les informó sobre la situación y una tía costeó su pasaje de regreso.

OTRA VEZ

Merino no descarta la posibilidad de viajar a los Estados Unidos, pero jamás por Bahamas.

El cochabambino confiesa que estuvo siete años en Estados Unidos, entre los años 2003 y 2010. Fue deportado tras ser detenido por la Policía por manejar con exceso de velocidad.

Perdió todos los ahorros de los siete años de trabajo. En la oportunidad viajó por Laredo (México) con ayuda de un coyote, que gestionaba los trámites desde Cochabamba.// Opinión (BO)

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