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Ni los ataques de exjugadores. Ni de los colegas de profesión. Ni siquiera del castigo impuesto por la Federación por meter el dedo en el ojo a Tito Vilanova. Nada de eso, a priori una bomba de relojería en los oídos de Mourinho, llegó a inmutar al técnico blanco.
Tras varias semanas manteniéndose en un discreto segundo plano, el luso vuelve a su ser, al estado donde se mueve como pez en el agua: la polémica.
Lo tenía fácil el entrenador blanco. Victoria ante un rival de Champions, el Lyon, con goleada incluida y pase virtual a la siguiente ronda. Pero, quizás, eran demasiadas semanas en la sombra. Por eso, Mourinho volvió a ser él en estado puro.
Primero, con la UEFA, a la que debía un recadito tras las sanciones de antaño: "La UEFA puede estar tranquila que nosotros sabemos que en los últimos partidos nosotros no podemos limpiarnos si llegamos con tarjetas". Después, turno para el árbitro del partido y el gol anulado tras sacar Xabi una falta sin su consentimiento: "Cuando lo marcamos el gol no es válido y ve una tarjeta amarilla Xabi. No es justa y eso tiene que ser un debate". Por último, se acuerda de su gran rival, el Barça: "Hay equipos que pueden marcar faltas rápidas y hacen goles antes de que los adversarios estén organizados. A nosotros no nos han dejado. A lo mejor en un partido vamos a sufrir un gol de falta rápida y nos preguntamos cómo lo sufrimos". Otro recado a los culés: "Creo que nuestro grupo tiene un buen equipo francés, holandés y el campeón de Croacia. Hay otros grupos en los que los grandes equipos son más afortunados que nosotros y juegan contra equipos que he tenido que mirar en internet para saber de que país vienen".
Un mes y tres días (desde el pasado 21 de septiembre) ha sido 'bueno' Mourinho. El desastroso partido ante el Racing marcó un punto de inflexión en la entidad blanca. El Madrid se tambaleaba y Florentino bajó a los vestuarios a apagar fuegos... y de paso mostrar públicamente su apoyo al entrenador portugués. Desde ese momento, el luso se alejó de la primera línea de ataque, dejando su lugar a su segundo, Aitor Karanka.
Antes -hace ahora dos meses-, otra acción clave: el dedo en el ojo de Tito Vilanova en el partido de Supercopa. Fue el cénit de Mourinho desde que llegara a la Liga española. Y, a pesar de que sus gestos, acciones, y discursos parecían no tener límite, el luso demostró que sí puede contenerse. Hasta anoche.
Contención
En este mes y tres días el luso ha aguantado declaraciones explosivas de colegas de profesión, ya sean directa o indirectamente hacia su persona. Ha soportado ataques directos del que fuera uno de sus jugadores la pasada campaña, el ahora getafense Pedro León. Se ha mantenido callado ante la sanción de dos partidos por parte de la RFEF por lo del dedo en el ojo. Incluso ha dejado de opinar de la polémica arbitral que existe en Barcelona con los penaltis no pitados a Messi.
En otras circunstancias, el portugués habría entrado al trapo. Pero, anestesiado por el gesto de Florentinmo en El Sardinero, el luso ha hecho oídos ordos y la vista gorda a todo lo que ha escuchado y leído en todo este tiempo. Sin embargo y contra todo pronóstico, anoche no aguantó que el árbitro le anulara un gol a su equipo en un partido que ganó el Madrid 4-0. Mourinho en estado puro.// 20minutos.es

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