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Isla de Mljet

Croacia es un destino cada vez más frecuente de miles de turistas. Las razones son muchas y de todo tipo (naturaleza, arquitectura, patrimonio, gastronomía, precio...). La costa dálmata aporta unos cuantos argumentos para visitar este país. Es como un jardín mediterráneo hecho de más de mil islas.

Un crucero en un barco pequeño es la mejor manera de disfrutar de tanta belleza. Tiene buen precio y permite acceder con facilidad a las calas más cristalinas y las bahías más románticas del Adriático.

Split y la isla de Hvar

Empezamos en Split, la segunda ciudad más poblada de Croacia tras la capital Zagreb. Ya fue descubierta en el año 305 d.C por Diocleciano: el emperador romano tenía todo el mundo a sus píes, pero decidió levantar en el corazón dálmata su residencia de descanso para pasar el resto de sus días.

Su Palacio sigue siendo la gran atracción de los visitantes, un curioso recinto que fue y sigue siendo habitado (en la actualidad por 2.500 vecinos) en una curiosa simbiosis de ciudad palaciega en ruinas.

Se puede admirar desde la catedral de San Duje, hasta una callejuela -"Pusti Me Proc" ("Déjame pasar")-, dicen que la más estrecha del mundo, donde sólo se puede pasar de uno en uno y sin excesivas prisas.

Seguimos con rumbo sur hacia Hvar. Para unos, la "isla más mágica" del Adriático; para otros sinónimo de "fiesta" y lugar de moda comparado con Ibiza por su ambiente. Pero Hvar es, ante todo, una isla de clima templado, con un cúmulo de bellezas naturales.

Junto al mar llaman la atención sus elegantes yates de multimillonarios, pero desde las alturas se disfruta de una maravillosa vista donde resplandecen las islas del archipiélago Pakleni. Su casco viejo merece la pena ser saboreado con calma.

Korcula y la isla de Mljet

El siguiente destino en estas aguas que antaño fueron surcadas por naves griegas, romanas, árabes y venecianas es Korcula. El célebre viajero Marco Polo nació en esta isla, la segunda más verde de Croacia después de Mljet, hoy poblada por 19.000 habitantes y rodeada por 20 islas deshabitadas que en verano se llenan de aficionados a tomar el sol y a la pesca.

Se trata, sin duda, de una de las ciudades medievales mejor conservadas de todo el arco mediterráneo y prueba de ello ahí están sus imponentes edificios de estilo gótico tardío, renacentistas y barrocos. La catedral de San Marcos es el mejor exponente por su magnífica riqueza interior, aunque lo más visitado es la casa natal del aventurero, presente en cada rincón de la isla.

La isla de Mljet aparece en el horizonte como un auténtico paraíso natural. En la vertiente oeste de esta isla de 98 kilómetros cuadrados se encuentra un parque nacional con dos lagos cristalinos de un llamativo color azul conectados entre sí por canales poco profundos que conducen el agua al mar.

La bella Dubrovnik

El broche de oro del viaje es Dubrovnik, la antigua Ragusa. En verano, turistas y cruceros invaden esta ciudad amurallada, que sólo recupera su tranquilidad fuera de la época estival cuando sólo quedan sus 2.000 habitantes.

Todo el casco antiguo de Dubrovnik constituye un museo. Sus murallas, de 1.940 metros, son el monumento más visitado de Croacia. No hay que perderse el paseo por sus calles empedradas hacia la plaza de la Logia, la Catedral, los palacios del Gobernador y de Sponza, la Fuente de Onofrio o el grandioso monasterio franciscano y la farmacia más antigua de Europa.// 20minutos.es

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