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Bolivia Informa

Paredes mojadas, asfalto o adoquines manchados por el orín, la basura y las heces fecales, además de un insoportable hedor; eso es lo que tienen en común siete arterias de la ciudad de La Paz convertidas en letrinas, según constató La Razón.

En la zona de Callampaya, macrodistrito Max Paredes, está ubicado el primer punto; se trata de una acera al final de la calle Calatayud, en la intersección con la calle Baltazar Alquise, a la altura de una plazoleta sin nombre.

“Ensucian los borrachos que beben en la plaza, los choferes que vienen a comer y hasta los deportistas que vienen a la cancha de los Mormones”, se queja María Flores, vecina de la zona, quien evita pasar por este sitio.

En la pared hay un cartel de la Alcaldía de La Paz, desgastado por la humedad, que dice “prohibido orinar y echar basura”. Un poco más abajo, el propietario de un inmueble ha escrito una amenaza en la pared: “Cuidado  con el piedrazo, prohibido orinar”, que no ha logrado disuadir a los infractores.

En el mismo macrodistrito, otro punto convertido en mingitorio al aire libre —sobre todo los fines de semana— está ubicado en la avenida Entre Ríos, entre la puerta del colegio Holanda y la del Cementerio General. “En este lugar, las paredes están húmedas todo el año. Es difícil llamarles la atención porque, como son borrachos, ya nos quieren pegar nomás”, declara Santiago Blanco, un vecino afectado.

El tercer punto, convertido en un albañal en el macrodistrito Max Paredes, es el de las gradas del puente Abaroa que desde la prolongación Gallardo conducen a la avenida Buenos Aires.

A los pies de la infraestructura, hay un rincón de tierra que siempre está húmedo y donde también hay excremento humano. En las gradas “el olor es horrible. El dueño de casa manguerea, pero igual aparece sucio”, dice Cristian Gutiérrez, comerciante que trabaja en la Buenos Aires. 

En el Nudo Vita al inicio de la   av. Buenos Aires, el hedor es insoportable. Cuando las personas atraviesan por el lugar suelen taparse la naríz. Ignacio Callata, vecino, se queja porque este      es uno de los problemas que les ocasionó la construcción del Nudo Vita. “Es como un sitio a trasmano y todos vienen (a hacer sus necesidades)”.

En el macrodistrito Periférica, a unos metros de la Terminal de Buses, el callejón sin nombre, que conecta la avenida  Armentia con la Chacaltaya, es utilizado también como un retrete. La vecina Teresa Condori cuenta que son los transeúntes los que utilizan ese espacio de manera inadecuada.  “Lo usan porque es oculto, no hay puertas de casa y siempre está vacío”.
En el macrodistrito Centro, se halla el sexto punto usado como urinario. Se trata de una parte de  la plaza Fabril, ubicada el frente de la Federación de Trabajadores Fabriles —donde se emplazaron calaminas por las obras de la Plaza Mayor. “Cuando llega el sol el olor es insoportable. Amanece mojado y hasta con excrementos. Los turistas se asquean de eso”, dice María Prieto. En el ingreso del túnel de San Francisco la situación no es distinta.

La acera de la avenida Simón Bolívar, a la altura del mercado Las Velas, el largo muro de pedrones es usado para orinar.  “Es horrible el olor”, señala Marcia Pérez, una vecina quien contó que por las noches son los ebrios los que “prefieren arrinconarse en este sector en vez de pagar”. “El ¡Hasta cuándo pues!”, lema usado por la Alcaldía para promover el cambio de malos hábitos, parece que no funcionó”, lamenta Pérez.

Se hallan infractores de todo tipo

No hay un patrón común. Canillitas, comerciantes, transeúntes, alcohólicos, drogadictos, personas en estado de ebriedad, hombres, mujeres y niños son los que utilizan los siete puntos visitados por
La Razón como letrinas al aire libre, pese a que existen mingitorios públicos en inmediaciones, que cobran entre Bs 0,50 centavos a Bs 1 por el uso del servicio higiénico. // La Razón


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