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El botadero provocó la muerte de animales y la contaminación del lugar

Bolivia Informa

“Yo no gano mucho, porque cada dos meses entrego las botellas a las empresas que reciclan y me pagan 100 bolivianos y con suerte 150 bolivianos (al mes),  si vendiera cada día me ganaría 5 bolivianos por dos o tres kilos que encuentro”, cuenta Roxana, quien dejó el colegio para dedicarse a esta actividad.

Las recicladoras recuerdan que hace años podían recoger más botellas, pero ahora tienen una creciente competencia. “Hasta diez kilos encontrábamos, ahora sólo dos o tres kilos al día recogemos, porque en el mismo auto escogen los trabajadores y aquí llega lo peor”, cuenta Roxana.

Sin embargo, las ganancias por este trabajo nunca fueron muy altas, porque el kilo de botellas pett hace años tenía un costo de 20 centavos. Ahora el precio llegó a 1,20 bolivianos.

Cuando se inició el trabajo de recolección para el reciclaje de plásticos en el botadero, eran 30 mujeres las que acudían diariamente y ahora son más de 100 las que buscan entre la basura botellas, latas, metales y todo lo que pueda tener algún valor.

Otros. Otro factor que disminuyó las ganancias para las recolectoras es que los mismos funcionarios de la empresa de aseo urbano Trébol realizan la recolección de las botellas en el interior de los camiones y las comercializan en el camino. “Al paso lo venden, por eso llega lo que ya no sirve aquí (al botadero)”, se queja Juana, quien explica que antes de vender las botellas tienen que lavarlas para que tengan mayor costo.

Además, existe otro grupo de personas que recolectan las botellas directamente en los contenedores que están en los barrios. Estos tres factores redujeron en gran medida las ganancias que pueden obtener las recolectoras del botadero de Villa Ingenio.

Para que una mujer pueda vender un kilo de botellas pett debe encontrar entre 60 y 70 envases,  por lo que su trabajo es duro, más aún cuando la competencia es cada vez mayor.

El botadero de Villa Ingenio fue instalado en 1993, sobre un terreno de 13 mil hectáreas, y no cuenta con ficha ambiental ni reúne las condiciones que exige la Ley de Medio Ambiente 1333 para la instalación de rellenos sanitarios, por lo que no reúne las condiciones de un relleno, reconoció Óscar Cala, responsable de la empresa Colina, encargada del cierre paulatino del espacio.

Cala informó que cada día se recogen 470 toneladas de basura. En los 18 años de funcionamiento del vertedero, se estima que se acumularon 2,7 millones de toneladas de residuos sólidos.

Ya en el año 2008, diariamente 10 mil litros de líquidos lixiviados se generaban por los residuos, y éstos escurrían por los sembradíos y hasta los pozos de agua que tienen los comunarios, generando un nivel de contaminación altísimo, según denunció la exconcejal alteña María Luz Huraquini.

El 2006 comenzaron los trabajos técnicos para captar los líquidos en piscinas y “se instalaron chimeneas, porque los desechos desprenden vapores que se convierten un biogás”, afirmó Cala.

No obstante, los comunarios aseguran que las piscinas de lixiviados generan contaminación al agua que ellos utilizan para beber. “Nosotros no tenemos agua, hemos pedido al alcalde y a EPSAS que nos instalen aunque una pila pública, pero no nos hacen caso”, comentó doña María, quien también asegura que su ganado murió a consecuencia de la alta contaminación.

La Razón


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