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¿Cuánto ganas?, le preguntó Marcelo, de 42 años, a su novia Victoria, de 25. A ella, que estaba muy enamorada, no le extrañó la pregunta, pues su boda estaba en camino; la desilusión se produjo cuando, lejos de bromas, su futuro esposo le planteó: Mi madre me mantiene, ¿podrás hacerlo tú?

Bolivia Informa

“Yo no sabía por qué él insistía tanto en saber cuánto ganaba. Después que me dijo eso, que lo mantenga como hace su mamita, lo pensé dos veces y di por finalizada la relación”, cuenta Victoria, que trabaja en una telefónica. Marcelo vivía aún con su madre y ella está segura de que ese vínculo habría subordinado su relación.

“Es lo que muchos conocen como el ‘complejo de mamitis’, una realidad en nuestra sociedad, una simbiosis que no permite el desarrollo autónomo del hijo y que en algunos casos perdura por toda la vida, a la par de la madre”, define a este tipo de dependencia entre un hijo y su madre, Silvia Requena, docente de Sicología de la Universidad Mayor de San Andrés.

Y es que en Bolivia es “natural” que hijos e hijas convivan con sus padres, en particular con las madres, aun cuando ya cumplieron la mayoría de edad e incluso tras haber contraído nupcias y formado un nuevo hogar, una práctica poco común en países de Europa y Estados Unidos.

En un sondeo, La Razón detectó dos coincidencias: que la “mamitis” existe y es un hecho, pero también que la gente cree que no es del todo saludable para las relaciones.
Compañía. Antonio Miranda, artesano de 38 años, es de los que cree que no es bueno que los hijos, siendo ya mayores, sigan viviendo al lado de su madre. En su criterio, de esta forma, “uno no aprende a ser responsable e independiente”. Pero hay quienes, como la vivandera Rosario Trujillo, de 72 años, piensan lo contrario.

“Yo vivo con mis hijos. El mayor tiene más de 50 años, la segunda 45 y la tercera 40, todos casados, pero viven conmigo, y eso es bueno porque no estoy sola y además deben cuidarme. Hice lo mismo por ellos”, afirma la mujer que es dirigente de las vivanderas de la plaza Roosevelt.

Rosario recomienda no abandonar a los padres. “Llega un momento en que las madres somos invisibles. Ríen, cantan y nosotros somos invisibles, y uno debe hacer todo para llamar la atención”, afirma.

Aunque se independizó hace años, Freddy Ticona, de 42 años, visita cada fin de semana a su madre. Freddy opina que el factor económico incide en que muchos continúen viviendo con sus padres. “Hay gente que no puede vivir en otro hogar por razones económicas y en algunos casos uno debe atender a su madre”, dice el chofer, que por ahora está desempleado.

Es del mismo criterio el sociólogo de la UMSA, Óscar Vargas, para quien la “mamitis” es, en algunos casos, una forma de sobrevivencia, particularmente para los jóvenes egresados de las universidades ante la poca oferta laboral que existe en Bolivia.

“Los jóvenes egresados, según el Instituto Nacional de Estadística (INE), tardan al menos unos dos años en instalarse en el mercado laboral”, indica.
Deuda. Javier Zúñiga, que tiene 44 años, cuidó de su madre hasta su último día. El carpintero tiene tres hermanos mayores, pero hasta el 2005 vivió con su madre Avelina.

“Les debemos mucho y yo cuidé de ella, además, porque mis hermanos no estaban aquí y porque ella estaba muy enferma”, cuenta Javier, quien contrajo matrimonio hace sólo tres años, una vida que ahora disfruta con la llegada de su primer hijo.

Nazario Berna, de 40 años, se casó en 1996, año en que decidió independizarse. “Visito a mi madre cada fin de semana y siempre estoy pendiente de ella, pero creo que debemos apuntar a que nuestros hijos sean independientes”, opina. Ariel Encinas, de 21 años y estudiante de Ingeniería de Telecomunicaciones, considera un abuso el hecho de que un hijo de más de 40 años viva bajo el techo de mamá.

“Podemos estar con la madre hasta que podamos mantenernos solos, pero tampoco abusar como algunos de 40 años, porque la mamá ya no tienen por qué cargar con nosotros”, dice Ariel, hijo único de Ruth Lira.

Susy Calle, una madre de 27 años, es de la misma idea; los adultos que aún viven con sus padres desconocen cómo lidiar con los problemas. “De casados, con su pareja, no saben cómo afrontar las dificultades y pueden incluso terminar separados”.


Aymaras no dividen la familia

En comunidades aymaras, los jóvenes se “juntan” o se casan generalmente a los 25 años y están siempre cerca de sus progenitores. “Las familias no se dividen, por eso la pareja vive cerca de sus papás. No hay hijos de 30 años que vivan con la madre”, dice el filósofo aymara Guineol Quilla.

Opinan los hijos

Rubén Rivera 
‘Viví al lado de mi madre hasta mis 22 años’

Me parece malo el estar aún viviendo con una madre porque toda persona tiene una edad para estar con sus padres, otra para formarse en la universidad y después para ser independiente. Yo viví al lado de mi madre, que falleció, hasta mis 22 años, después me hice independiente. (Tiene 55)
Freddy Ticona
‘Todo depende de la situación económica’

Tengo 42 años y creo que todo depende mucho de la situación económica que uno tenga. Hay gente que no puede vivir en otro hogar por razones económicas, pero también hay otros que deben atender a su madre. Yo visito semanalmente a mi madre.
Susy Calle
‘Si te casas con él y vive con su mamá, es fatal’

Cuando te casas con un hombre que aún vive con su mamá es fatal porque los padres lo miman mucho. Es malo tanto para el varón como para la mujer. Los hijos deben quedarse con su madre hasta salir de la universidad y después hacer su vida de forma independiente.

La Razón

1 comentarios:

  1. Esto es un sindrome o enfermedad que las mamas crean debido a que piensan que sus hijos regularmente varones no pueden hacer las cosas por si solos, ocasionando que se vuelvan unos inutiles, en mi familia hay uno, y tiene 35 años, es insoportable ver como el hombre no cree poder hacer nada, y este ejemplar esta en su estado de confort la mama y la hermana le dan la comida, le guisan y le pagan todo, ohhh tiene internet en casa, laptop, pantalla y xbox, pues como no va estar tranquo, mientras la mama y la hermana hasta la mad... De endrogadas. Luego sigo escribiendo.

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