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Debajo de una gorra blanca se esconde el rostro de Pablito (nombre ficticio), que bien pudo ganarse el sobrenombre de “el guerrero aymara”, pese a que sólo tiene cuatro años de edad A las semanas de haber nacido, el niño fue víctima de un ataque brutal de parte del hombre que lo engendró, pero el niño sobrevivió.

Camina con dificultad, aún sufre las secuelas de la agresión, que además le quitó el habla. Intenta correr y va tras otros niños para jugar en los resbalines y columpios de los jardines del Hogar Virgen de Fátima de La Paz.

Pablito llegó el 2007 cuando aún era bebé, pero luego fue transferido a una unidad médica especializada y de allí al Instituto de Adaptación Infantil (IDAI), pero el 2009 regresó al Hogar.

Una supuesta infidelidad de parte de su madre generó la brutal reacción del sujeto, que lo dio por muerto y huyó, al igual que su progenitora. Ella, fue ubicada y, casi obligada, traída desde el altiplano a la ciudad para responsabilizarse por su hijo, pero tiempo después también escapó con el agresor. Una orden de aprehensión por intento de asesinato y complicidad pesa aún sobre ambos.

Este caso de violencia intrafamiliar no es el único que llega al Hogar. “Hace cinco años, de cada 10 niños o niñas que llegaban, de cuatro a cinco correspondían a abandono, pero ahora ese número se ha duplicado”, dice la trabajadora social Virginia Alarcón.

Su colega Adela Nina explica otros motivos. “El abandono se da en muchos casos en madres solteras y concubinas, sin apoyo familiar y en parejas jóvenes”. 
AGUERRIDO. Pablito pronto cumplirá cinco años. Sonríe tímidamente, es desconfiado y algo torpe al jugar, pero le encanta que lo abracen. “Aprende las cosas mirando, pero tiene el lado derecho de su cuerpito paralizado”, explica la psicóloga del Hogar, Narda Álvarez.

Mientras las trabajadoras sociales intentan hallar una razón al espíritu guerrero de Pablito, que le permitió sobrevivir al ataque de su padre, el pequeño disfruta con el juego del ensarte, una actividad para desarrollar las habilidades de su mano derecha.

Su rostro se ilumina cuando le traen su pequeño auto de juguete. “Le pusimos una pitita y él se emociona, parece decir ¡guau! al  jugar con él”, describe Álvarez.

Pese a esos momentos de alegría, el niño está delicado e irremediablemente tendrá secuelas del ataque que sufrió.
“¿Qué va a ser de este niño abandonado después?”, se pregunta la psicóloga. Las opciones de que sea adoptado se reducen si se toma en cuenta que pocos desean tener a un niño enfermo.

Pablito necesita atención personalizada y educación especializada, pero más que todo mucho amor. “Nuestras mamitas les dan todo su amor, pero no es lo  mismo que si lo hiciera una buena madre”, admite Alarcón.

El niño puede permanecer en el Hogar Virgen de Fátima hasta cumplir los seis años, pero a partir de esa edad deberá ser transferido al Hogar José Soria, con niños de su edad, donde el hogar que conoce no será el mismo.

MÁS DATOS SOBRE EL HOGAR

POBLACIÓN

En el Hogar Virgen de Fátima viven 111 niños que reciben atención integral. La entidad depende de la Gobernación. 
‘Mamitas’ Son las educadoras y suman 10, las cuales trabajan en turnos y cada una atiende entre 10 y 12 niños.
Ambientes En el Hogar hay cinco casas y también salas donde viven los niños junto a sus “mamitas”; también hay voluntarios.

La Razón


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