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Ekeko de 1917, donado al Museo Costumbrista por Ma. Fernández.

Este desplazamiento se debe a dos factores. Uno es el imaginario colectivo que afirma que si al Ekeko no lo ch’allas cada martes y viernes, te puede hacer daño. Esa es una característica de todas las deidades andinas; si le das la ofrenda te devuelve en favores; pero si no le das, te castiga, te da algo que te perjudica, asegura Luz Castillo, jefa de Investigación del Musef (Museo de Etnografía y Folklore).

Otra de las razones es que durante los últimos cinco años ingresaron productos peruanos que reemplazaron los artículos tradicionales de la Alasita, que además están vinculados al horóscopo chino, como conejos, tigres, monos, elefantes y sapos.

Sin embargo, es indudable, dice Castillo, que el desplazamiento del dios de la abundancia se debe a que “hay gente que tiene miedo y se está deshaciendo de los ekekos”.

Ello se refleja en que durante los últimos años el Museo Costumbrista Juan de Vargas recibió en calidad de donación 90 diosecillos de la abundancia, desde la época prehispánica hasta los más modernos, hechos en diferentes materiales, como jabón, arcilla, yeso, bronce, cobre, madera, cuero, vidrio y palitos de fósforo, que pertenecieron durante años a familias, asegura Vania Coronado, responsable del citado repositorio.

Según los relatos registrados en la investigación “Alasitas, universo de deseos”, existen historias sobre personas que descuidaron a su Ekeko y su suerte cambió para mal, entonces se deshicieron del ídolo, otros lo rompieron. No es que dejaron de creer en las bondades de la Alasita pero no quieren tener la figura de este diosecillo en el seno de su hogar.

Relatos populares construidos en torno al Ekeko dan cuenta de que es un ser celoso, sobre todo con las mujeres solteras: ellas no pueden salir con un hombre, porque de lo contrario el ídolo se enoja. Incluso lo ponen de espalda para que no vea la presencia del pretendiente, refiere la investigación patrocinada por el Musef.

Éstas serían las razones fundamentales por las que el Ekeko ha sido desplazado de la Alasita, por lo que Rolando Huanca, secretario general de la Federación Nacional de Feriantes de Navidad y Alasitas (Fenaena), asegura que este año se busca revalorizar a esta deidad, por lo que se solicitó a los artesanos que trabajan con yeso que produzcan más ekekos, con el fin de promocionar al diosecillo, aunque sólo faltan 48 horas para la inauguración de la feria.

Huanca informa que existirán “ekekos móviles”, todas las empresas privadas presentaran a su deidad que realizará un recorrido constante.

Sin embargo, el Ekeko en la época prehispánica era una deidad benévola. “Su naturaleza era otorgar la felicidad y cumplir las aspiraciones, los sueños y esperanzas de la gente. La relación entre las personas y esta figura se enmarcan en el principio de la reciprocidad propia de la cultura y tradición aymara, el ídolo no domina la vida de las personas”, dice la investigación. 

El oficial mayor de Cultura de la Alcaldía, Wálter Gómez, recuerda que el 31 de marzo se conocerá si el Fondo de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) declara a la Alasita y al Ekeko como Patrimonio Intangible de la Humanidad, como se pidió el 2010.

Mutación del diosecillo
Milton Eyzaguirre, citado en la investigación “Alasitas, universo de deseos” del Musef, señala que en el desarrollo de la cultura popular, el Ekeko fue relacionado con el rayo y con figuras de la religiosidad católica como el Tata Santiago, San Bartolomé y Santo Tomás.

El diosecillo aymara ha sufrido transformaciones, no sólo en su denominación (iqiqu) al españolizado Ekeko, sino también en su representación icónica, puesto que en los hallazgos arqueológicos los ídolos eran representados en distintos materiales, como la plata, oro, hasta barro, y es en la Colonia cuando aparece hecho en yeso.

La Razón

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