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El "Papa bueno" será, a partir de este domingo, oficialmente santo. Un pontífice dentro de la Iglesia que sorprendió al mundo y a la propia Iglesia, y que será recordado como el impulsor de una de las mayores reformas de la institución: el Concilio Vaticano II.

Elegido para muchos como pontífice de transición, Angelo Roncalli no tardó en ganarse la admiración de todos, fieles y no fieles. Un Papa cercano y sencillo que buscó hacer lo mismo con la Iglesia, acercarla a los fieles y hacerla más sencilla.

"Supuso un golpe de aire fresco", explica Ildefonso Camacho, rector de la Facultad de Teología de Granada. "Era un hombre capaz de transmitir paz, una paz natural, serena, cordial, una paz que con su elección se manifestó al mundo entero", declaraba Marco Roncalli, su sobrino y biógrafo.

Un origen sencillo y una carrera diplomática

Conocido como "El Papa bueno", Angelo Giuseppe Roncalli nació en 1881 en Sotto il Monte, Bérgamo, en el norte de Italia, en el seno de una familia campesina y profundamente católica. 

Cosas que no sabías de la iglesiaUna simplicidad y cercanía que le marcó toda su vida. "Era el papa bueno por su mismo aspecto físico, tenía un aspecto bonachón, un cambio con respecto a otros papas más distantes", explica Ildefonso Camacho. Su origen sencillo contrastaba especialmente con el de su predecesor, Pío XII, que provenía de una antigua familia aristocrática.

"Hacía las cosas más sencillas, por su misma forma de actuar huía del protocolo, de la formalidad", señala Camacho. Durante su pontificado modernizó la vida en la corte vaticana, flexibilizando el protocolo y facilitando el contacto del papa con la realidad cotidiana.

Fue ordenado sacerdote el 10 de agosto 1904 y sirvió en varios cargos, fue nuncio papal en Francia, y delegado de Bulgaria y Grecia. Eligió como su lema episcopal Obedientia et Pax ("Obediencia y Paz"), que se convertiría en su lema vital.

Durante su época como nuncio, realizó numerosas intervenciones para salvar a refugiados del Holocausto. Multitud de judíos de todas las nacionalidades y edades consiguieron escapar gracias a sus actuaciones.

Como explica Camacho, su experiencia marcó profundamente su labor cono pontífice, "tuvo un comienzo humilde e hizo la carrera de seminarista, pero más adelante entró en el mundo diplomático, lo cual le hizo pasar por distintos ambientes, estuvo en contacto con el mundo islámico y de centroeuropa, por ejemplo".

Conocido por su apertura, como papa intensificó las relaciones diplomáticas con los líderes políticos mundiales, incluidos los soviéticos, por lo que contribuyó a reducir la tensión entre comunistas y cristianos.

Un papa inesperado que sorprendió al mundo

Su gran momento llegó cuando sucedió a Pío XII en 1958. La sorpresa de su elección fue mayúscula hasta para él, había llegado a Roma con un billete de vuelta a Venecia. Elegido con 77 años, su edad propició que muchos pensaran en él como un papa de transición.

Idea que pronto echó atrás: apenas dos meses después convocó a todos los obispos del mundo a la celebración del Concilio Vaticano II.La Iglesia nunca volvería a ser la misma, pero él jamás vería el fin de la transformación que había iniciado. El 3 de junio de 1963, poco después de iniciarse el Concilio, Juan XXIII moría tras una larga enfermedad.

"Lo más importante es que no sólo supo poner el concilio en marcha, sino que supo darle una dirección, supo conectar a la Iglesia de nuevo con la sociedad moderna", comenta Camacho.

Una cercanía con la sociedad que se refleja en su encíclica 'Pacem in Terris', la primera en la historia dirigida a "todos los hombres de buena voluntad", y no sólo a los creyentes. Además, estableció relaciones amistosas con las iglesias protestantes y ortodoxas y eliminó de la liturgia las viejas alusiones contrarias a los judíos.

Una canonización de un solo milagro

Su proclamación como santo llegará "por la vía rápida": será canonizado antes de esperar a un segundo milagro, una decisión motivada por la gran veneración que suscita. Será canonizado además junto a aquel que lo beatificó. El tres de septiembre del año 2000, Juan Pablo II reconocía a Juan XXIII como beato y ahora serán proclamados juntos como santos.

Su canonización llega por la vía rápida a medias. Llega antes de esperar a un segundo milagro, pero tras su beatificación, su avance hacia el siguiente paso se quedó atascado en la llamada "fábrica de santos" de la Iglesia de Karol Wojtyła. El proceso final llega con el papa Francisco, con quien muchos le comparan. Para su beatificación, el milagro aprobado fue la curación de una perforación gástrica hemorrágica con fístula externa y peritonitis aguda de la monja Caterina Capitani en 1966.

 

Juan XXIII, el papa más bromista

"Cuando volváis a vuestros hogares, vuestros niños estarán durmiendo: acariciadles sin despertarles y explicadles después que era la caricia del papa", la frase más recordada del Papa XXIII recaló un 11 de octubre de 1962 en los corazones de todo el mundo y le valió el nombre de 'Papa bueno'. Lo improvisó en un discurso que pasó a la historia, el famoso y poético 'Discurso de la luna'.

Conocido por su buen carácter, las anécdotas de su vida se suceden. Una vez, cuando tuvo que posar para una fotografía oficial, el papa se encontraba incómodo. Un momento dado le dijo a uno de sus acompañantes "Dios sabía hace 77 años que algún día yo sería papa. ¡Ya podría haberme hecho algo más fotogénico!".

Su incomodidad ante la perspectiva de ser retratado se reflejó en otra ocasión, en 1959, se encargó un retrato suyo. Estar sentado y quieto con la misma expresión no era una de las virtudes del papa, que al final del primer día de posado exclamó "¡Ahora entiendo qué sentían los santos cuando les quemaban en la hoguera!".

Su sentido del humor eran de sobra conocidos y, a diferencia de sus antecesores, le gustaba ser cercano y bromear con la gente a la que conocía. Hijo de campesinos, a menudo bromeaba con sus orígenes.Solía decir "hay tres maneras de perder el dinero en la vida: mujeres, apuestas y la agricultura. Mi padre eligió la más aburrida de las tres".

La naturalidad del Papa Juan XXIII se enmarcaba en su trato con todo el mundo. Muy similar al papa actual, solía acercarse a la gente y, en una ocasión, se acercó de improviso a una de las carpinterías del Vaticano.Al ver a los trabajadores en su dura labor, mandó pedir vino y les propuso un brindis.

En una ocasión le dijo a uno de los trabajadores "Veo que perteneces al mismo partido que yo", a lo que el carpintero, sorprendido, le contestó "Pero Padre, no pertenezco a ningún partido". "Sí", le contestó el Papa, "te haces miembro automáticamente: es el partido del hombre gordo".

Las salidas del Papa propiciaron algunas críticas, lo cual hizo que comentara"Dicen que salgo demasiado de día. Muy bien, pues entonces saldré más de noche". Y preguntado una vez por cuánta gente trabajaba en el Vaticano, no dudó en decir "sólo la mitad".

Durante su época como nuncio, Roncalli dijo una vez: "Sabéis, es difícil ser un nuncio papal. Me invitan a todas las fiestas diplomáticas donde la gente está de pie, con un plato de canapés intentanto no parecer aburridos. Entonces, entra una mujer voluptuosa con un escote y todo el mundo se da la vuelta. Y me miran a mí".

La espontaneidad del pontífice se reflejaba también en sus decisiones. En enero de 1959, declaró su intención de celebrar el Segundo Concilio del Vaticano a un grupo de cardenales. Estos, sorprendidos ante el poco tiempo que tendrían para celebrarlo, le dijeron "¡No podemos celebrar un concilio ecuménico en 1963!". "Vale, entonces lo celebraremos en 1962", respondió el pontífice. Y, en efecto, se celebró en 1962.

Una de las características del papa fue su cercanía con el hombre común. Un hombre que no se acostumbraba a su posición. Según cuentan, durante sus primeros días como papa, solía despertarse durante la noche con un problema en mente. Entonces, se decía a si mismo "Lo hablaré con el papa", pensando que seguía siendo cardenal.Hasta que se daba cuenta: "¡Pero si soy yo el Papa! Muy bien, entonces lo hablaré con Dios".

Una sencillez que se reflejó en otra ocasión, cuando un niño le dijo que de mayor quería ser o policía o Papa. Juan XXIII le dijo "Si yo fuera tú, me metería a policía. Pueden nombrar Papa a cualquiera, ¡mirame a mí!".

El que fue su mayordomo, Guido Gusso, también recordaba alguna anécdota, especialmente una, según informa Aciprensa, una vez lo absolvió de una excomunión.

“Yo estaba en el Cónclave asistiendo al Papa Roncalli, lo acababan de elegir, pero decidieron alargar el Cónclave para comunicarlo al mundo al día siguiente. Después de la cena me mandó ir a recoger unas cartas a su apartamento. Tenía que atravesar parte del Vaticano, pero me encontré con unos gendarmes que me bloquearon la entrada”. Necesitaba el permiso del Cardenal Tisserant -entonces Decano del Colegio Cardenalicio-. Me dirigí al Cardenal Tisserant, era un hombre francés con mucha personalidad, y me respondió enfadadísimo:"¡Usted sale del Cónclave y queda excomulgado!".

El mayordomo volvió al Cónclave y se lo contó todo al Papa Juan, que respondió: "¡Pues entonces sal y le dices al Cardenal Tisserant que si él te excomulga, luego el Papa te quita la excomunión!".

Su bondad, otra de sus características, la llevó siempre consigo, hasta su mismo lecho de muerte. Sus últimas palabras fueron: "Tuve la gran gracia de nacer en una familia cristiana, modesta y pobre, pero con el temor de Jehová. Mi tiempo en la tierra está llegando a su fin. Pero Cristo vive y continúa su trabajo en la Iglesia. Almas, almas, ut omnes unum sint ".

Entonces, Van Lierde, el sacristán papal le ungió sus ojos, los oídos, la boca, las manos y los pies. Abrumado por la emoción, Van Lierde olvidó el orden correcto de la unción, pero Juan XXIII le ayudó suavemente antes de despedirse de los allí presentes.

"Ya no tienes enfermedad alguna", el milagro que canonizará a Juan XXIII

Juan XXIII, el 'papa bueno', fue beatificado en 2000 por el mismo pontífice con el que compartirá canonización el próximo 27 de abril, Juan Pablo II. A Angelo Giuseppe Roncalli, que falleció en 1963, se le atribuye un milagro reconocido por el Vaticano.

El milagro tuvo lugar en 1966 gracias a la curación de una religiosa, Caterina Capitani, que padecía una enfermedad estomacal incurable: perforación gástrica hemorrágica con fistulación externa y peritonitis aguda. Pero el 22 de mayo de 1966 las hermanas de Capitani le colocaron una imagen del Papa en el estómago.

A los pocos minutos, la monja, a la que ya habían dado la extremaunción, se recuperó y pidió de comer. La comisión de teólogos de la Congregación para la Causa de los Santos del Vaticano reconocería el milagro al no poder justificar los médicos el milagro de Capitani. Se escapaba a los ojos de la ciencia.

La monja relataría después su experiencia en primera persona. Capitani aseguró que el propio Juan XXIII se sentó al pie de su cama de enferma, diciéndole que su plegaria había sido escuchada. "Ya no tienes enfermedad alguna". Según contaba la ya fallecida religiosa Caterina Capitani, el 25 de mayo de 1966, el Pontífice Juan XXIII le anunció así que estaba recuperada. Sin embargo, el Papa ya había muerto en 1963.

Tras su recuperación, los médicos de Nápoles que la atendían decidieron practicarle una radiografía a su estómago. La prueba constató la desaparición completa de la enfermedad. No le quedaban señales de las cicatrices causadas por la fístula. Una comisión de médicos calificó la curación como "inexplicable científicamente".

Otro milagro, no reconocido para la causa de canonización, es el de Giovanna La Terra Majore, de Sicilia, imprevistamente restablecida de una antigua dolencia pulmonar, que la mantuvo postrada en cama y en coma durante 23 años.// La información (COM)


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