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En Brasil hay una cárcel donde se habla todo tipo de idiomas y los presos, la gran mayoría encerrados por tráfico de drogas, pueden ser de cualquier lugar, menos de Brasil. De hecho, Nigeria es el país con más presos,  361. El segundo es Bolivia con 133 y el tercero Perú con 122 reclusos.

Se trata de la penitenciaría de Itaí, que está en una zona rural casi a 300 kilómetros al oeste de San  Pablo. Se trata de una cárcel apodada localmente la  Torre de Babel, por su diversidad interior, que desafía a autoridades y presos.

Allí, las disputas no son por cuestiones de pandillas o grupos criminales, sino por motivos culturales o relacionados con el lugar de procedencia. Latinos contra  africanos es una de las más comunes, cuenta el periodista Gerardo Lissardy, en la BBC.

Con 1.474 reclusos, las celdas están abarrotadas como en tantas otras prisiones del país.

Las cárceles en BrasilPero en esta cárcel hay otra sala que también está desbordada: la biblioteca, con miles de libros de todo tipo y origen. Sin duda, un orgullo local.

"Lo más difícil de todo es la diferencia de culturas”, afirma Yuzo Yamaguchi, un japonés encarcelado por robo  de automóviles.

"Si una raza tiene más presos, ellos son más fuertes, entonces sin querer dominan la cárcel”, agrega Yamaguchi.

Paulo Francisco Mendes, un angoleño que cumple condena en Itaí por tráfico de drogas, dice que la cultura africana es muy diferente a la de otros presos. Y señala como ejemplo la costumbre de los latinos de emplear expresiones bastante insultantes sobre la madre de uno.

"Siendo africano me siento ofendido”, afirma con tristeza. 

"Aprendí a lidiar con este tipo de situaciones y otras aquí en la cárcel, y me tuve que tranquilizar muchas veces para no cometer otro delito”, sostiene Paulo Francisco  Mendes, quien defiende el derecho a poder expresarse sobre las condiciones en que viven  miles  de reclusos de diferentes nacionalidades.

Una cárcel especial

La de Itaí es, desde 2006, una cárcel sólo para hombres extranjeros condenados en San Pablo, una decisión del Gobierno de ese estado para evitar que criminales brasileños causaran incidentes diplomáticos atacando presos de otros países.

Aquel año fue trasladado al lugar casi un millar de reclusos foráneos de diferentes prisiones.  La cifra creció desde entonces, señal de la importancia que adquirió Brasil como destino de inmigrantes, pero también como lugar de consumo y tránsito de drogas a otros países.

Las celdas de Itaí tienen capacidad máxima para seis presos, pero en promedio hoy viven nueve en cada una.

Del total, 85% está encerrado por tráfico de drogas, 10% por hurto o robo y apenas 1,5% por homicidio.

De acuerdo al director de la cárcel, Fernando Ricardo Renesto,  Itaí se distingue  de otras cárceles de Brasil: nunca hubo un caso de homicidio,  dato por demás revelador sobre la  Torre de Babel.

Cárceles en Brasil

Sobrepoblación Éste es un problema común en las cárceles de Brasil, uno de los países con mayor número total de presos: medio millón, unos 200 mil más que la capacidad máxima de sus prisiones, según los últimos datos oficiales y estudios divulgados.

Ministro El estado de las cárceles brasileñas es criticado por organizaciones de derechos humanos. El propio ministro brasileño de Justicia, José Eduardo Cardozo, dijo que "preferiría morir” antes que pasar años recluido en un presidio de su país.

Tendencia El Gobierno observa que la tendencia al aumento de los presos puede cambiar por un aumento importante del número de expulsiones de extranjeros de Brasil.

“Los presos africanos no aceptan a los gays”

En la cárcel de Itaí hay 60 ciudadanos españoles.

Dionisio Padrón es uno de ellos. Detenido en 2008 en el aeropuerto internacional de San Pablo cuando intentaba llevar cocaína líquida a Europa, dice que ser homosexual le ocasionó problemas impensables en  centros penitenciarios su país.

"Los presos africanos no aceptan a los gays  y en un principio fue bastante desagradable”, evoca y aclara que también tuvo problemas con reclusos latinos, apunta la BBC. 

"Sobre todo la burla, el intento de querer pasar por encima de ti y decir tú no eres nada porque eres esto”, afirma Dionisio.

   Afortunadamente, Dionisio y algunos de sus compañeros hallan un refugio en la biblioteca.

La biblioteca cuenta con unos 17.000 ejemplares en 35 idiomas diferentes,  para atender las inquietudes intelectuales de la mayoría de reclusos.// Página Siete (BO)


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