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La esperanza democrática que llegó al Norte de África hace dos años y medio se ha tornado en guerra interminable en Siria.

Derrocar a líderes como Ben Alí en Túnez, Hosni Mubarak en Egipto o el final mortal de Muamar al Gadafi tras la guerra en Libia no se produce de la noche a la mañana ni es garantía de democracia. Pero la Primavera Árabe que despertó a los ciudadanos indignados de aquellos países hace ya más de dos años, sí trajo un soplo de aire fresco en los primeros y duros pasos de la transición: por una parte, hacia la reconciliación nacional y, por otra, una democracia que aúne la libertad con la tradición musulmana de esos países.

La historia en Siria es muy distinta. Parece aún muy lejano alcanzar ese momento de diálogo. La guerra civil se ha cebado con la población desde que en marzo de 2011 llegara la revolución árabe a ese país. Se calcula que han muerto más de 70.000 ciudadanos y más de 1,3 millones han buscado refugio en los países vecinos.

Amnistía Internacional asegura que los refugiados necesitan ayuda urgente de la comunidad internacional, pues países como Líbano o Irak ya no dan abasto para atender a todos los que cruzan a su país. Por si fuera poco, Unicef ha detectado varios brotes de sarampión en la región.

La crisis en SiriaUna situación “extremadamente difícil”

Mientras tanto, el resto de los 22,5 millones de sirios que continúan sobreviviendo en su país tienen dificultades hasta para adquirir paracetamol. Algunos sirios residentes en España se han visto obligados a enviar medicamentos básicos por correo postal, según opina uno de ellos, por culpa de las sanciones internacionales sobre el régimen de Bashar al Asad.

"La situación es extremadamente difícil", denunció recientemente Ettie Higgins, Representante Adjunto de UNICEF en Siria, después de regresar a Damasco desde Alepo. Por su parte, la ONG Misiones Salesianas denuncia que el conflicto no hace más que empeorar.

“La situación es dramática y muy alarmante en todo el país, pero muy grave en Alepo y Damasco. Ciudades que se han quedado sin vida, donde las escuelas se han convertido en refugios, los médicos escasean, los alimentos son difíciles de conseguir…”, explica el misionero Munir el Rai en un comunicado de la organización.

48 cajas de jabón y mil toallas

“Me quedé sin combustible y era imposible encontrarlo por la ciudad. No podíamos cocinar. Así que quemé la madera de la cama y luego la mesa de la cocina”, explicaba una joven madre al misionero. A la mujer le daba vergüenza pedir limosna.

Productos tan sencillos como el jabón o el material escolar escasean. Unicef, la Media Luna Roja Árabe Siria y otras agencias de la ONU, ha distribuido en las pasadas semanas mil toallas, 48 cajas de jabón, ropa de verano, material escolar y kits médicos, de reanimación y de higiene.

¿Por qué no interviene la comunidad internacional como hizo en Libia? Hay tres motivos probables:

  • los intereses de Rusia, con poder de veto ante la ONU
  • el polvorín que podría estallar si atacan al país amigo del iraní Mahmud Ahmadineyad
  • la división interna entre los rebeldes que se esfuerzan en dar una imagen de unidad.

Solo las cada vez mayores sospechas del uso de armas químicas en la guerra por parte del régimen, han puesto de nuevo en alerta a países como EEUU en los últimos días.

“Las familias, los niños y los jóvenes no ven futuro. La tristeza se respira en todas partes”, asegura el misionero El Rai. Desde marzo de 2011 la muerte y la incertidumbre siguen al acecho tras cada sirio, de momento sin remedio.// La información


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