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Seis estudios de caso realizados en ocho diferentes contextos y regiones del país donde prevalece la pequeña propiedad, reflejan una tendencia a la intensificación de la producción dirigida al mercado, la ganancia rápida de ingresos y el uso excesivo de agroquímicos con sus altos costos ambientales. Fundación TIERRA ve la necesidad de una mirada renovada e integral que supere lo estrictamente agrícola.

El trabajo denominado “¿Comer de nuestra tierra?, estudios de caso sobre tierras y producción de alimentos en Bolivia”, desarrollado bajo la coordinación del director ejecutivo de Fundación TIERRA e investigador, Juan Pablo Chumacero, junto a los investigadores Rossmary Jaldín, Susana Mejillones, Enrique Castañón, José Luis Eyzaguirre y Miguel Urioste; cuenta con hallazgos preliminares de los estudios que comenzaron en octubre de 2011 y que estarán concluidos en los próximos meses.

En la primera fase exploratoria, el equipo de investigadores se propuso estudiar una serie de características, logros y limitaciones de diversos sectores productivos, clasificados según un sistema de tenencia de tierra respecto a la producción de alimentos, su articulación con el mercado y la seguridad alimentaria, además de buscar sectores más eficientes en términos de uso de la tierra y seguridad alimentaria.

Con esa premisa, el equipo eligió a los municipios de Yanacachi en Los Yungas de La Paz; a Tiwanaku en el altiplano paceño; a Villa Serrano en el departamento de Chuquisaca, a Comarapa en Santa Cruz, en la frontera con Cochabamba; además de Cuatro Cañadas también en territorio cruceño.

Agricultura en BoliviaLos Territorios Indígena Originario Campesinos (TIOC) de Macharetí en Chuquisaca, Chácobo Pacahuara en Beni, y San Miguel de Velasco en la chiquitanía cruceña también fueron parte de las investigaciones.

Independiente de las características particulares de cada caso, los estudios destacan una notable capacidad productiva de los actores dentro de sus propios contextos regionales, productivos y agrarios, donde se constató que no existe una situación de extrema pobreza, hambre o desnutrición crónica.

Juan Pablo Chumacero señaló que dentro de los resultados preliminares de los seis estudios de caso, se ve en algunas situaciones, una notoria tendencia hacia la producción especializada y sus impactos. “Es muy evidente que la búsqueda de ganancias a corto plazo, encamina a las familias hacia la especialización y tecnificación para la producción de monocultivos, como la coca en Yanacachi, y la soya en Cuatro Cañadas, lo cual permite mayor productividad y mayores ingresos en procesos fuertemente ligados al mercado”, señaló.

En contraste, en otros casos como en Comarapa, resaltó que una alta diversificación productiva, ligadas a mercados internos de alimentos, que va de la mano de una elevada inversión en riego, establecimiento de políticas ambientales locales y un buen nivel de coordinación interinstitucional que permita el retorno de la población joven al municipio.

Según el investigador, la ganancia inmediata se sobrepone a la sostenibilidad ambiental, en un modelo que se caracteriza por la intensificación de uso de la tierra, junto a un creciente empleo indiscriminado y sin control de agroquímicos y transgénicos, que deriva en el agotamiento de suelos, con visibles impactos en la salud por la exposición a estas sustancias como al consumo de alimentos que contienen altos niveles de plaguicidas o fertilizantes.

También el estudio pudo evidenciar que el mercado determina cada vez más la producción de alimentos, lo cual impacta negativamente en la promoción de productos considerados poco rentables económicamente, por más que contribuyan a la alimentación familiar.

Mientras menos producción de autoconsumo realicen las familias productoras, éstas cuentan con mayor producción dirigida al mercado, además de mayores ingresos, lo cual ha derivado en cambios importantes en la dieta alimenticia de campesinos e indígenas.

“La tierra y la agricultura se han constituido en los medios de generación de ingresos y cada vez menos en medios de producción de alimentos. La seguridad alimentaria local no siempre garantiza la seguridad alimentaria nacional y viceversa. Por ejemplo: la coca y soya tienen miles de hectáreas destinadas a mercancías y no a los alimentos que componen la canasta alimenticia básica”, señaló.

Chumacero afirmó que cada vez, los indígenas y campesinos necesitan más dinero y vender su producción es la forma más directa de conseguirlo, lo cual se evidencia en el surgimiento de actividades extra agrícolas importantes como la minería, la venta de la fuerza de trabajo, la explotación forestal, y otros, que representan ingresos monetarios a las familias para el consumo de alimentos procesados del mercado y la satisfacción de sus necesidades.

Para los investigadores, el tamaño de la tierra importa porque existe un mínimo necesario vital, donde además se debe considerar otros elementos quizás más importantes como el agua, la cercanía a la ciudad, caminos, calidad de suelos, vocación productiva, acceso a capital como crédito, tecnología y maquinaria, además de acceso a los mercados y a la infraestructura productiva.

El estudio identifica una relación compleja entre seguridad jurídica, inversión y seguridad alimentaria a nivel familiar, debido a que la gente que demanda seguridad jurídica es aquella que ha perdido lazos con las instancias que reconocen el derecho propietario, como por ejemplo, los residentes en Tiwanaku que ya no son comunarios porque se fueron a vivir a la ciudad, pero que pretenden mantener su derecho propietario, y para ello recurren al Estado.

Para los investigadores, el tamaño de la tierra si importa porque existe un mínimo necesario vital, pero hay que considerar también otros elementos que pueden ser más importantes aun como el agua, cercanía a la ciudad, caminos, calidad de suelos, vocación productiva, acceso a capital como crédito, tecnología y maquinaria, además de acceso a los mercados y a la infraestructura productiva.

Fundación TIERRA señala que los procesos de reconocimiento y titulación de los derechos propietarios deben ser complementados con políticas para poder generar desarrollo, por lo que hay necesidad de una mirada renovada e integral que supere lo estrictamente agrícola.

Los resultados preliminares de los ocho estudios fueron compartidos durante las Jornadas de Investigación sobre Agroecología y Soberanía Alimentaria, organizadas por Agrónomos Veterinarios Sin Fronteras (AVSF) con el apoyo de Fundación TIERRA y el Post Grado en Ciencias del Desarrollo de la Universidad Mayor de San Andrés (CIDES.-UMSA), entre otras instituciones.// PIEB

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