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Las elecciones número 17 en tiempos de Hugo Chávez se resolvieron ayer con la contundente victoria del chavismo, que ganó 20 de las 23 gobernaciones, pero con una oposición que ya tiene candidato para un 2013 lleno de retos: Henrique Capriles.

El gobernador del estado de Miranda superó a Elías Jaua, el ex vicepresidente bolivariano, que contó con el apoyo millonario de un gobierno que no dudó en saltar todas las normativas electorales para hacer proselitismo durante la votación.

Capriles superó al que fue delfín de Chávez por más de cuatro puntos, 50,35% frente a 46,13%. Una victoria corta, pero suficiente, que no sólo fortalece a este político de 40 años al frente del bloque opositor, sino que lo convierte en el único político capaz de derrotar a los abanderados de Chávez.

Miranda se erige así en una isla en medio de un mapa "rojo rojito", como lo definió el oficialismo. Sólo Lara y Amazonas acompañarán al estado de Capriles en lo que se presupone será una dura pelea para mantener competencias y recursos económicos contra la embestida del estado comunal que Chávez quiere imponer en los próximos años. Anoche todavía se contaban votos en el estado de Bolívar, con pequeña ventaja para el representante del oficialista PSUV.

Elecciones regionales Venezuela 2012El otro gran triunfador en el bloque opositor es Henri Falcón, hasta hace no mucho el gobernador más popular del chavismo, que obtuvo la reelección en Lara, uno de los estados más importantes. El oficialismo buscó un castigo para el "traidor", e incluso envió a otro militar, Luis Reyes Reyes, padrino de uno de los hijos del presidente y uno de los pilotos que participaron en el ataque aéreo contra Caracas durante el golpe del 27 de noviembre de 1992. Ayer volvió a fracasar: perdió por más de 13 puntos frente al hombre que se atrevió a romper con Chávez tras desobedecerlo dos veces.

Falcón, que lidera el sector más progresista de la oposición, se ha convertido en uno de los hombres de confianza de Capriles, e incluso era el favorito para ser vicepresidente en caso de victoria de la Mesa de Unidad de Democrática (MUD), la coalición opositora.

El tercer gobernador opositor -que también repite mandato- es Liborio Guarulla, en Amazonas. Como militante del partido Patria Para Todos, pertenece, al igual que sus pares, al ala progresista.

Hasta aquí las alegrías para la MUD. Todo lo demás fue una derrota tras otra. Y una de ellas fue especialmente dura para el llamado bloque democrático: el estado de Zulia. Esta región petrolera, la más poblada del país, cayó en manos del oficialismo, que lo peleó con todos sus recursos económicos.

Una derrota que también supone un freno personal para su gobernador, Pablo Pérez. El que fuera gran rival de Capriles en las internas de la oposición cayó derrotado ante el comandante Francisco Arias Cárdenas, el militar que lideró el golpe de febrero de 1992 junto con Chávez.

Menos de cuatro puntos de diferencia entre ambos no alivia la derrota en un estado que durante una década simbolizaba la oposición regional al todopoderoso Chávez.

Arias lidera ahora el grupo de militares elegidos a dedo por el comandante-presidente para batallar estas elecciones: de los 12 que participaron en la contienda, 11 serán gobernadores. Todo un éxito para la estrategia diseñada desde el Palacio de Miraflores.

Dolorosas también para la oposición fueron las derrotas en Táchira y Mérida, los dos únicos estados donde Capriles superó al líder de la Revolución el 7 de octubre. En el primer estado los antichavistas acudían divididos y el oficialismo presentaba a otro militar, Vielma Mora, conocido como el gran gestor del chavismo gracias a sus reformas impositivas.

En el resto del país, los candidatos rojos impusieron el poder del oficialismo, casi todos de forma holgada. Como el general Henry Rangel Silva, que aplastó a su rival en Trujillo. O Rodríguez Chacín, el famoso amigo de las FARC, quien superó el 70% de los votos en Guárico.

Los resultados se fueron desgranando por la noche en lo que parecía un remake del 7 de octubre. Pasaron sólo dos meses y pareciera que transcurrieron 10 años. Un país harto de política y que llenó ayer los centros comerciales de todas las grandes ciudades mostró su cansancio ignorando las urnas: la abstención se movió en torno al 46%. Y con un presidente, Hugo Chávez, que por primera vez vivió una jornada electoral fuera del país, recuperándose en la unidad de cuidados intensivos del Cimeq de La Habana. Ayer, dijeron que ya estaba al mando del gobierno desde la isla.

Maduro, en cambio, sí estuvo al pie del cañón. El vicepresidente apeló a los venezolanos violando la veda: "Es un voto de amor por un hombre que siempre lo ha dado todo por el pueblo de Venezuela, que nunca le ha fallado. Que nadie le falle a Hugo Chávez".

La reacción de Vicente Díez, único rector independiente del Consejo Nacional Electoral (CNE), fue fulminante: "Es una actuación sin precedentes por parte de un dirigente de ese calibre y le exhorto a suspender sus declaraciones. Está empañando el proceso electoral".

De tanto clamar al viento, Díez acaba cada elección con graves ronqueras. Y eso que todavía no había escuchado la conexión telefónica con La Habana, que se adelantó de horario para llegar a tiempo. Jorge Arreaza, ministro de Ciencia, trasladó al país las supuestas palabras del presidente, reclamando "un llamado a votar para consolidar los espacios que nos permitan avanzar hacia la justicia social".

Un llamado directo a poner en marcha la famosa Operación Remate, la afluencia de votos de última hora que tantos frutos en forma de votos, más de un millón, les proporcionó en las presidenciales. La maquinaria electoral esta vez fue incluso retransmitida por televisión en una jornada que hubiera sido gloriosa si Capriles no hubiera demostrado de nuevo su fuerza electoral.// La Nación (ARG)

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