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Introducción.
En la ciudad de La Paz Bolivia existen leyendas coloniales muy interesantes a cerca de fantasmas, aparecidos, maldiciones, tesoros escondidos (tapados) y pasadizos subterráneos secretos que surcan la ciudad, por medio de los cuales se podía y aun se puede salir de una calle a otra, incluso recorrer grandes distancias. Estos se hallan principalmente en antiguas iglesias e infraestructuras donde funcionan algunas instituciones gubernamentales, variando en su longitud, anchura y altura (pudiendo en algunos casos no pasar de un metro y en otros tener una altura de 3 metros y algo más)

Las misiones jesuitas y su historia.

Con la llegada de los españoles a nuestro continente ingresaron tras de ellos las misiones franciscanas y jesuitas.

Las franciscanas fueron las que fundaron las iglesias mas antiguas de Bolivia, como ser la iglesia de San francisco en la ciudad de la Paz que data de 1500. Los jesuitas se establecieron el oriente boliviano (con las misiones de Moxos y Chiquitos), así como en el occidente de nuestro país y fueron expulsados por los españoles en el año 1767, a causa del crecimiento en potencia de su poder económico, político y social. Sin embargo dejaron tras de si una misteriosa arquitectura colonial, con iglesias hechas con grandes bloques de piedra, pasajes escondidos, habitaciones ocultas y túneles subterráneos secretos; siendo estos últimos los que mas interés atraen por su misterio sin resolver.

¿Para que servían estos túneles? ¿ Que se hacia dentro de ellos? ¿Tenían algo que ver con la desaparición de muchas personas de la época? ¡Que yace tras de ellos¡

Lamentablemente no existe casi nada de bibliografía referente a los túneles jesuitas bolivianos, mucho menos a los de la ciudad de La Paz, así que me remitiré a mis experiencias personales, las de otros aficionados al tema y los antiguos relatos de los pobladores paceños.

Leyendas urbanas sobre los túneles.

Se tejen muchas historias alrededor de estos túneles, entre las mas extendidas están que esos servirían para que exista una comunicación entre conventos y los monasterios, otros señalan que mediante ellos se podían salir fácilmente a otros lugares, algunos suelen contar que el interior de los mismos ampararía tesoros religiosos, objetos mortuorios (de tortura y bélicos) y fuerzas desconocidas.

Un supuesto túnel de la iglesia en San Francisco.
Se encuentra ubicada en la Plaza de los Héroes entre la calle Sagárnaga y la avenida Mariscal Santa Cruz, , esta iglesia cuenta con una infraestructura que data de mas de cuatro siglos de antigüedad, entre otros relatos sobre la iglesia se dice que dentro la misma, los inquisidores practicaban muchas formas de tortura en contra de los indígenas y los herejes, Llegando a utilizar para estas torturas instrumentos como ser: el caballo, el traballare, las prensas, etc.; hago énfasis en este punto, ya que existen relatos de personas que visitaron las profundidades de esta iglesia, encontrando entre otras cosas: bodegas de vinos, tumbas con restos de antiguos franciscanos, una serie de túneles (que conducen a otros lugares fuera de la iglesia), y cuartos subterráneos donde se hallan ocultos los instrumentos de tortura que acabo de mencionar junto a varias guillotinas.

En una ocasión tuve la oportunidad de tener una larga conversación sobre el tema con un padre franciscano, en ella me contó como fue la primera vez que descendió a aquellos túneles, la cual intentaré reproducir a cabalidad, en este pequeño relato:

DENTRO LAS PROFUNDIDADES DE SAN FRANCISCO
“En un día en el cual todavía no conocía a profundidad la doctrina franciscana, llegue a eso de las 6:00 de la noche a la iglesia de San Francisco, ubicada en la Plaza de los Héroes. Tenia que verme con un padre para darle un informe sobre mis actividades en una iglesia rural, cuando ingrese a la iglesia el se hallaba muy contento, por alguna extraña razón. Me invitó a cenar, como yo tenía mucha hambre acepté; bajamos al sótano de la iglesia, puesto que el no se atrevía a hacerlo solo, para que le ayudara a traer algunos vinos bastante añejos; al ingresar a aquellos lugares sentí algo de temor, puesto que eran fríos por las piedras, oscuros y con una extraña fuerza que lo rodeaban todo. Nos guiamos en todo momento por la lámpara que él llevaba, de un momento a otro escuchábamos algunos sonidos, como de pasos, pero traté de no darles importancia, puesto que el padre me repetía, en voz casi muda:

– Solo son las ratas a las que nunca pudimos expulsar de la iglesia.

Después de esto nos hallamos cerca a los vinos, antes habíamos pasado por un lugar que se supone guarda los restos de muchos franciscanos y algunos lugareños. Pero al frente de los vinos se hallaban unas rejas oxidadas, que conducían a un oscuro pasillo, de pronto me entro una macabra curiosidad por pasar aquellas rejas; sin pensarlo dos veces, le rogué al padre ingresar a ese lugar; el se puso algo nervioso, al menos eso note, pero al insistir varias procedió a abrir la oxidada puerta. Ingresando al lugar el padre contó que este pasadizo conducía a varios cuartos, que almacenaban guillotinas así como instrumentos de tortura de la edad media. Estaba muy tenso por lo tenebroso de todo el recorrido, todo había sido oscuridad desde que bajamos para recoger los vinos; siempre rodeados de un intenso silencio, solo interrumpido por nuestros pasos y a veces los de otros seres, de los que no estaba seguro que fueran ratas.

Y ahí estaban de nuevo, ¡esos pasos¡, de pronto el padre se detuvo y me susurro a la oreja que debíamos volver; yo le preguntaba el porque de esa decisión, pero, sin responder nada, se dio media vuelta para salir de aquel lugar con la lámpara apuntando de regreso a la entrada; tomé la loca decisión de avanzar sin el padre, pensando que tal vez el volvería para no dejarme solo en aquel lugar, a pasos firmes y rápidos me aleje de el, internándome en las penumbras del tétrico túnel; pero al alejarme demasiado de la luz de aquella lámpara, entro en mi un terror que habría hecho que me desmaye o que grite como una mujer, ya que sentí que las paredes de piedra de aquel túnel empezaban a temblar, como el terremoto que siente aquel que esta a punto de desmayarse; urrrrrr..., decían las paredes; impulsado por ese terror corrí de regreso hacia la luz de la lámpara, como quien corre escapando de la muerte (la oscuridad) hacia la vida (la luz); veía pávido que aquella luz escapaba de mi, como si estuviera huyendo de lo que me persiguiera. Llegue zapateando a la luz, que ya se hallaba en la bodega de los vinos, al detenerme comencé a temblar; rápidamente el padre cerro aquellas rejas, que aumentaban mi miedo por su sonido oxidado; me dijo que tomara esos vinos, que ya había separado, y subimos a toda prisa; prácticamente me halle petrificado, pues no dije ni una sola palabra; hasta que llegamos a la puerta de ingreso, que nos devolvía a la superficie.

En todo momento continué temblando. La mesa estaba lista, porque acabábamos de ponerla, lo cual hice temblando; el padre me pregunto, con una sonrisa burlona, porque estaba temblando; le mentí, pues le dije que solo era el frío; hasta que llegamos a tomar conciencia de que algo faltaba: un vino, el que había olvidado recoger de la bodega, solo subí dos y el tercero se hallaba en aquel oscuro lugar. Para hacer que mi mentira del frió sonara mas real le dije, tartamudeando de miedo, que bajaría a recoger ese vino, si él me condujera. Con un miedo evidente, me contesto: –de ninguna manera. Esto ultimo me animo a recapitular todo lo acaecido; le pregunte si su decisión de regresar, se debía a los pasos que habíamos escuchado; pero él me contestó, con un tono muy serio, que no escuchó ningunos pasos; entonces porque se apresuro a salir de allí sin esperarme –le dije¬–; ya se hacía tarde para cenar –me contesto–.

Del temblor en las paredes no le pregunte nada, pues supuse que se trataba de mi imaginación, que me jugaba una mala pasada, a causa del terror que sentí ese momento; sabiendo que no contestaría nada mas, salí de aquélla fría iglesia. Ya en la calle no pude resistir la terquedad, de volver a preguntar sobre el sonido de pasos que tanto me abrumo; esta bien, te lo diré –me dijo–; esperé ansiosamente, por las siguientes palabras que salieran de su boca y después de un frió silencio dijo:

– Son ratas a las que nunca pudimos expulsar de las iglesias.”

Se escribió este relato basándose en la experiencia del clérigo, sin alterar ningún detalle contado por él. A continuación te ofrezco una serie de fotos, sobre túneles subterráneos iglesias jesuitas centroamericana (La Iglesia del Carmen y otras), que pueden ilustrar mejor lo anterior. Debo añadir que estas fotos no son de mi propia elaboración, pues las descargue hace cuatro años de un sitio web, el cual no tome la precaución de anotar; con las razones del caso, espero que los autores me disculpen; si alguien conoce su origen, le ruego que me lo haga llegar al blog, para la correspondiente cita bibliográfica.

Historias paceñas

Fuente: Desconocida
Este es el ingreso oculto de un mundo subterráneo, escondido detrás de un bloque de cemento, hacia habitaciones y túneles ocultos. en una iglesia jesuita llamada El Carmen

Historias de La Paz

Fuente: Desconocida

Historias de La Paz
Fuente: Desconocida
En esta foto se observa un pasaje jesuita, suponemos que debe datar de finales de la época colonial (no tan antiguo como los interiores de San Francisco en La Paz Bolivia), seguramente reparado por los eclesiásticos contemporáneos

Historias paceñas

Fuente: Desconocida
Adentrándonos mas en el mismo túnel, observamos su estado original sin ninguna reparación.
Misterios paceños
Fuente: Desconocida
La estreches de este túnel nos hace pensar lo difícil que resulta transitar por ellos.

Fuente: Desconocida
Lo órfico de esta foto pueden graficar mejor los ingresos a estas profundidades

Fuente: Desconocida
Obsérvese las paredes y el piso de piedra, este ultimo al parecer con una cruz e inscripción (dentro una iglesia jesuita denominada el Carmen en Centroamérica).

Fuente:Desconocida
Otro ingreso a estos caminos subterráneos.

Al terminar de escuchar su vivencia, saque con el sacerdote algunas conclusiones, las conjeturas de lo anterior son: Los temblores de las paredes en aquel túnel podrían ser los autos que pasan sobre la avenida Mariscal Santa Cruz o Sagárnaga, o tal vez se debió a su imaginación de mi amigo el clérigo estimulada por su temor. Podrían ser esos sonidos de pasos producidos por las ratas. ¿Que clase de seres eran esas ratas? Tal vez solo personas a las cuales se las llamaba así despectivamente. O sencillamente solo ratas.

Al contarme todo esto el padre me recalcó, que al final el otro sacerdote usó la palabra iglesias (en plural) y no así iglesia (en singular) como al principio, esto se debe a que: ¿estos pasos se escuchan también en otras iglesias?. Si así fuera: ¿realmente existen otras iglesias con túneles subterráneos?. Algunas personas relacionadas con la orden de los franciscanos, cuentan que existe un túnel que sale de la iglesia de San Francisco y llega a la zona sur, surcando en sí la mitad de la ciudad. ¿Un relato u poco exagerado?.

Se pueden crear cientos de conjeturas amigo lector, saca tú tus propias conclusiones. Me despido, sin antes darte algunos títulos, como adelanto de próximos artículos a publicarse, sobre esta apasionante temática:

- Pasaje secreto del Colegio San Calixto.
- El túnel bajo Catedral en la Plaza Murillo.
- La red de túneles secretos en la ciudad de La Paz.
- El túnel secreto de la Facultad de Derecho al Colegio Santa Ana.
- Las historias del túnel de la Facultad de Derecho.-
- Los incidentes por los que pasamos antes de tratar de ingresar al túnel del Colegio Santa Ana.// Huanca Ovalle Harold Iver

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