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Los impulsores de la iniciativa son menores de escasos recursos y en situación de abandono. Los productos ecológicos tienen una vida útil de entre cinco y siete años.

Al ver que su progenitora sufría por la desintegración de su familia, José Luis Huaquisaca no aguantó el dolor. Pensó en dejar su casa, lloró, pero los rostros tristes de sus hermanos le detuvieron. Entonces supo que debía luchar y protegerlos.

Con sólo 10 años llegó a La Paz, desde Copacabana, al principio fue acogido por sus familiares, quienes lo trataron como si fuera un hijo propio, aunque después de unos días le exigieron que aportara con el 50 por ciento de los gastos del hogar. No pudo negarse. Sin embargo, las peticiones eran cada vez más difíciles de cubrir y su escaso sueldo se reducía a nada.

Fue así que decidió buscar otro lugar para vivir. Pensó que sería fácil, se equivocó, sólo las calles paceñas le ofrecían cobijo. Pasó tres meses en busca de un hogar. Para sobrevivir tuvo que lustrar calzados en el día y por las frías noches buscaba refugio en algún baño público, que le servía de guarida y reposo.

Solo y sin saber de su familia, lloraba por su fracaso, aún así tenía la esperanza de salir adelante, pese a las adversidades que se interponían en su camino. Rogó a Dios que le ayudará.

Uno de sus amigos, al ver su situación le ayudó y le llevó hasta un albergue, días después fue remitido a la Fundación La Paz,  institución que acoge a menores de escasos recursos y en situación de abandono. Su esperanza crecía. En el lugar logró convertirse en el líder de su pares, pues trabajaba junto con ellos. Al finalizar su estudios, por su capacidad, se inscribió en la Universidad Saint Paul, en donde actualmente cursa la carrera de Administración de Empresas.

Después de adquirir conocimientos técnicos en esa casa de estudios, su inquietud lo llevó a crear la empresa Responsabilidad Ecológica de Jóvenes (Recojo), que se dedica a la elaboración de escobas ecológicas con botellas de plástico recicladas.

Escobas todo terreno. La iniciativa ecológica tiene el apoyo del proyecto Sarantañani, de la Fundación La Paz, y de la organización Swisscontact.

El objetivo del emprendimiento es que la fabricación de las escobas se convierta en una empresa autosustentable. “Queremos que la actividad crezca y así se pueda dar trabajo a los jóvenes que permanecen en el hogar”.

Huaquisaca dijo que la iniciativa nació por la gran cantidad de botellas PET desechadas. “Hemos buscado hacer algo útil, duradero y ecológico. Las escobas barren todo, menos madera”.

Hay cinco clases de escobas, tres son para uso doméstico y dos para empresas. Las de uso familiar tienen tres filas, y las más pequeña miden 24 centímetros de largo, la mediana 30 y la más grande 35. Las industriales miden entre 35 y 40 centímetros, cada una tiene cuatro filas. Su vida útil varía de entre cinco y siete años.

Los precios de las escobas ecológicas fluctúan de entre 22, 35 y 40 bolivianos. El joven impulsor dijo que la innovación surgió con la intención de generar empleos e inclusión social y mejorar las condiciones de trabajo de las personas que trabajan en el reciclaje.

“La venta de las escobas no sólo dará trabajo a los jóvenes del albergue, sino creará oportunidades para los recicladores”.

“Ojalá las empresas nos compren las escobas y así nos apoyan en nuestro emprendimiento. Son productos de alta calidad e incluso los hacemos al gusto de cada cliente”. José Luis Huaquisaca / IMPULSOR ECOLÓGICO

Para elaborar una escoba ecológica, se usa una cantidad de botellas que se valúa  de entre cinco y 15 bolivianos.// La Prensa


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