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Cada día, gana entre 20 y 30 bolivianos. En días soleados, puede llegar a vender hasta 50 bolivianos.

Desde hace 29 años que Antonio Choque Copa endulza la vida de niños, jóvenes y adultos con la variedad de los helados Frigo que ofrece en la avenida 16 de Julio, en el paseo de El Prado de La Paz.

Con su característico uniforme blanco, un cajón azul repleto de helados de diferentes formas, tamaños y sabores, cada día oferta a sus clientes sus productos con su peculiar lema: “Helados Frigo, Frigo, Frigooo. Tengo bombones, helados trópicos y napolitanos para todos los gustos”, dice sonriente .

La historia. Antes de convertirse en vendedor de helados, don Antonio era cobrador en una compañía internacional que tenía sus oficinas en La Paz, pero en 1983 perdió su empleo debido a que la empresa decidió cerrar sus puertas para siempre.

Ante esa noticia, tuvo que salir a buscar trabajo en otros lugares porque tenía una esposa y dos hijos que cuidar y alimentar. “Busqué trabajos en varios lugares, pero no me recibían porque no tenía experiencia en esos rubros”. Al verlo en esa situación, uno de sus amigos le recomendó visitar la heladería Frigo, ya que necesitaban nuevos vendedores. “Estaba desesperado y no era fácil encontrar un trabajo. Me animé y fui a la heladería. Al principio, los dueños desconfiaron de mi capacidad porque nunca antes había vendido helados ni ningún otro producto”.

Los propietarios lo pusieron a prueba, don Antonio, en su primera semana de trabajo, se esforzó y sorprendió a sus jefes, pues volvía sin helados. Feliz, retornaba a la empresa y orgulloso decía: “Ya ves, jefe, todo he vendido, y vos que no me querías contratar”, recuerda.

Desde que formó parte de la empresa, su lugar favorito para vender sus producto fue la avenida 16 de Julio, en el paseo El Prado, porque siempre fue un lugar concurrido. “Desde que vendo helados, nunca me he movido de aquí, ahora menos, porque tengo mis caseritos que siempre vienen a comprar su helado”.

¿Un helado? A sus 79 años, “don Toñito”, como le llaman cariñosamente sus clientes más asiduos, cuenta con la preferencia de los compradores, pese a la apertura de nuevas y sofisticadas heladerías.

“Siempre vengo por un heladito. A veces me cuenta sus cosas y me habla de las nuevas tiendas de helados, pero siempre tiene una sonrisa en la cara. Es un hombre muy amable”, dice Mario Luna, uno de sus clientes.

Don Antonio lleva la cuenta de cada heladería que hay cerca de su “territorio”.

“Hay como ocho heladerías en El Prado. Sé que el Cine 16 de Julio tiene uno dentro de sus instalaciones, eso me quita la venta, ya no vendo como antes”.

A pesar de que su jornada inicia a las 06.00, recoge sus productos a las 10.30 de la agencia. “No hay venta muy temprano, antes todo era distinto, pero ahora sólo gano entre 20 y 30 bolivianos. No me desespero por ganar porque tengo todo lo necesario para vivir”.

“Vender helados me distrae de todos los problemas, pero la venta ya no es como antes. Ahora sólo las personas que me conocen me compran mis productos”. Antonio Choque / HELADERO

“Don Toño” tuvo dos hijos, uno de ellos vive en Santa Cruz, quien sólo llega en diciembre para pasar las fiestas de fin de año, mientras que su segundo descendiente varón murió en un accidente automovilístico hace más de cinco años.// La Prensa


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